Distancias
frente a la reja carcelaria espera
inútilmente verte tu Consuelo,
pensé...
eso que piensa aquel que la mirada
tiene hundida en la noche de la nada
y quiere ver el cielo.
Cuando la larga ausencia
llenó con su presencia
en inhóspitas playas extranjeras
un recuerdo de infancia
(esa extraña fragancia
que suave exhalan las nocturnas eras,
o aquel manso ruido
de la avecilla que abandona el nido,
bien de la hoja al árbol desprendida,
bien del viento en los sauces del camino
o del riachuelo el paso peregrino
entre la suave arena ennegrecida,
o ese fantasma del presentimiento
que nos llega en el viento
y nos hace mirar por la ventana,
cual si una alerta el corazón sintiera
y sintiendo pudiera
ver escrita en la noche la mañana).
Mi corazón solía
gozar la epifanía
de las cosas lejanas muy cercanas
beber su poesía (1)
y no sufrir la fría
soledad de las cosas tan lejanas.
¡Suertes que juega el ágil rapacillo
al corazón sencillo
que sabe amar humilde y bravamente!
¡Nunca estaré yo preso
en enemigas manos, tan opreso
que no aspire mi pecho libremente,
e ilumine lo obscuro
y salte sobre el muro
y al campo de mi patria raudo vuele
adonde monte el potro la lomada
y en la flor rociada
el zumbador revuele!
Mas, he aquí la muralla,
la reja, la metralla
sin alma que vigila
entre tu espera inútil a la puerta
y mi rabia despierta
que hacia una fútil decisión oscila!
Nunca ocurriera al pensamiento antes
que las cosas distantes
habiendo estado otrora tan cercanas,
el dulce bien amado
tan cerca de mi lado
forzáranlo a distancias tan lejanas!
Cierto que a este presente
no remedia lo ausente,
dulce imaginación que el bien augura
y a la distancia aspira suave esencia.
No cura esta dolencia
“sino con tu presencia y tu figura”. (a)
Estas distancias de ahora:
esa ametralladora,
el kaki sudoroso,
el fusil recostado
y hasta el sol recortado
y a ración como bálsamo precioso,
injurias son que al corazón invitan,
llaman y solicitan
hasta la irracional temperatura.
Pero a mi fe triunfante
sostiene lo que amante
tu persona a la puerta transfigura.
Y esto pienso esta noche en La Princesa:
La lucha nunca cesa.
La vida es lucha toda
por obtener la libertad ansiada.
Lo demás es la nada,
es superficie, es moda.
Patria es saber los ríos,
los valles, las montañas, los bohíos,
los pájaros, las plantas y las flores,
los caminos del monte y la llanura,
las aguas y los picos de la altura,
las sombras y los colores
con que pinta el oriente
y se despinta el occidente,
los sabores del agua y de la tierra,
los múltiples aromas,
las hierbas y las lomas
y en la noche que aterra
el trueno que retumba en la negrura,
penetrar la espesura,
ver como en un relámpago la senda,
y de un trago apurado
el soplo de huracán, entusiasmado
reconocer las bestias de la hacienda.
—La Patria es la hermosura
con que yergue su mágica escultura
la letra, el libro, el verso,
y, vestida de gloria,
verla cruzar la historia
hasta la plenitud del universo.
—Tomar su cardiograma
y ver cómo le inflama
la salud los rubores.
Besarle su bandera,
soñarle su quimera
y amarle sus amores.
—Pero en la dura prueba
cuando la Patria abreva
de nuestra propia vida en la corriente:
la Patria estremecida
que lleva por coraza nuestra vida;
esa Patria exigente
que impone su silencio o su palabra
y con sus manos labra,
en la sangrienta masa de dolores
a golpes de centella
la forma de una estrella,
un canto de fulgores,
cierto momento, un día
tras la muralla fría
de la prisión, un preso
meditará ese juego de distancia
entre su muda estancia
y el cercano embeleso
que le dice al corazón: —Afuera,
junto a la reja carcelaria espera (2)
inútilmente verte tu Consuelo—.
Y siento como aquel que la mirada (3)
tiene hundida en la noche de la nada
y quiere ver el cielo.
Versión de Distancias. En el disco Distancias en vivo se presentan las siguientes modificaciones:
(1) besar su poesía
(2) frente a la reja carcelaria espera
(3) eso que piensa aquel que la mirada
(a) Esto es una cita de “Cántico”, de San Juan de la Cruz, místico español: “Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia / de amor, que no se cura / sino con la presencia y la figura”.
Este poema, escrito en Cárcel de La Princesa, fue publicado en el libro “Distancias” (1951)
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