Aires bucaneros
el largo mosquete de pólvora negra,
la roja camisa, la rústica abarca
y el tórrido ponche de ron con pimienta.
Ay batatales de la Tortuga,
cacao en jícara de Nueva Reyna,
huy, los caimanes de Maracaibo,
vómito prieto de Cartagena.
Huy, naranjales de La Española,
cazabe tierno de Venezuela.
Huy, tiburones de Portobelo,
berbén violáceo de la Cruz Vera.
Al bucanero densos perfumes,
el crudo aroma, la brava especia:
las bergamotas y los jengibres,
los azafranes y las canelas.
Ay, blando chumbo de la criolla,
de la mulata tibia mameya.
Huy, la guanábana cimarrona
que abre su bruja flor en la negra.
Ay duros ojos de la cautiva
que al bucanero locura llevan,
ojos que en su alma ya desataron
el zas fulmíneo de la centella.
Mejor el ponche de moscabada,
mejor la pipa que al viento humea,
mejor el largo fusil de chispa,
mejor el torvo mastín de presa.
Al bucanero la res salvaje,
toro montuno, vaca mañera.
Las hecatombes en la manigua
al fulgor vivo de las hogueras.
Huy, el ternero desjarretado
que se asa al humo de fronda tierna.
Boucan en lonja para el almuerzo
toute chaude de tuétano para la cena.
Huy, fiera caña de las Antillas
que en viejo roble su diablo acendra,
y en las entrañas del bucanero,
agua de infierno, ruge violenta.
Al bucanero las tierras vírgenes,
el agua indómita, la mar inédita:
los horizontes en donde aúlla
la agria jauría de la tormenta.
Huy, las maniguas paticerradas,
jaguar taimado, víbora artera.
Ay, tremedales de falso adorno,
árbol carnívoro, liana tremenda.
Huy, letal sombra del manzanillo,
roja calina de las praderas,
miasma envolvente de los manglares,
jején palúdico de las ciénagas.
Y en el delirio febricitante
voces fantasmas cruzan la selva...
Camalafote el camalote,
Bucaramángara la bucanera.
Al bucanero curvo machete,
puñal certero, pistola alerta;
ánima firme para el asalto
cuando columbra la esquiva presa.
Ay, galeón pavo que infla en el viento
su linajudo plumón de velas,
y tenso el moco del contrafoque,
señor del agua, se pavonea.
Síguelo el lugre filibustero
en ominosas bordadas fieras:
gallo encastado del mar Caribe,
el cuello al rape, limpia la espuela...
Y en la pelmele del abordaje
que funde el rezo con la blasfemia
desmocha al pavo galeón del Golfo
la rubia traba filibustera.
Por el camino de Tierra Firme
campanilleando viene la recua.
Cincuenta mulas venezolanas
traen el tesoro de las Américas.
Polvos auríferos de la montaña,
finas vicuñas de la meseta,
tórridas mieles de la llanura,
resinas mágicas de la selva.
Bosques y ríos, mares y montes,
sobre las mulas su carga vuelcan...
Oro idolátrico del Grande Inca,
plata litúrgica del Noble Azteca.
La guardia altiva de los virreyes
cubre los flancos y al fondo cierra.
Ay, caravana que se confía
a la española lanza guerrera.
Contra ella irrumpen los bucaneros,
machete al aire, bala certera,
y el botín pasa del león hispano
al tigre astuto de las Américas.
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