Cómo torturar un gato
arrancarle el bigote que es su tacto;
repetirle cien veces que es un guarro
y crearle complejo de tarado.
Prohibirle que duerma recostado,
prohibirle que fume celtas largos,
recordarle su origen desgraciado
de una madre soltera y un gusano.
Sin mirarle a la cara regañarlo
porque acude a la misa y al rosario;
que sexualmente es bastante raro
y no tiene valor para aceptarlo.
Y si no hay interés en torturarlo
se le desprecia un mes de tres a cuatro,
repitiéndole frases como ésta:
suficiente desgracia tienes con ser gato.
(1975)
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