De Cudillero
sintió el frío en los huesos de la limpia madrugada,
rondaba en su cabeza en la primera luz del alba,
qué haría si mañana no saliera al mar su barca.
Peleando veinte años para al fin llegar a nada,
el faro y las mareas reconocen sus pisadas,
apenas le nacieron como un juego se embarcaba,
criándose entre redes de la mar nada extrañaba.
Marinero arría la vela
que está la noche tranquila y serena.
Presiente a quien le debe la moneda en que le pagan,
nada esperaba de ellos porque no regalan nada,
hay gente que negocia con torpeza tan extraña,
como si no supieran o escondieran otras cartas.
Y al cabo nada debo si no hay pesca prendo fuego,
me salgo al mar y quemo hasta el último aparejo,
que carguen a su espalda y su conciencia un hombre menos,
hoy siete de febrero, sello y firmo en Cudillero.
(1981)
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