Mama no puedo
te parecerá extraño,
pero recién me doy cuenta
de que bailar me duele.
Sugar night club, gran Papá Bolero,
onda yeyé, hoy Papá Bolero,
hongo ginpis, tú Papá Bolero,
músculos de liana del monte espeso,
danzas embrujadas por los macumberos,
bailes de galeón de espacio de hechiceros,
tipical del fango, ¡ay!, Papá Bolero.
Me duele, mama,
qué caso serio,
los sueños, mama, siempre los sueños,
que bailo, mama, todo lo negro,
todo lo rojo, todo lo cierto,
rostro por rostro, muerto por muerto,
mano por mano, sueño por sueño,
y el esqueleto se me hace ajeno,
en tus tambores bailo y lo pierdo,
si me despierto dentro de un sueño
estoy embrujado,
mama, mama, no puedo;
que no se rían,
que no me aplaudan,
que no me miren,
que no me llamen,
que no me toquen,
que no me atrapen,
que se emborrachen,
como los muertos allá en las minas
allá en las pampas,
como los locos en las cantinas
cuando descansan,
estoy embrujao,
mama, mama, no puedo.
Y su nombre comenzó a estallar
en las páginas y en las marquesinas;
de su tobillo mágico colgaban cadenillas de oro
y lo bañaban de flashes y elegías,
su cuerpo suduroso se retorcía entre candilejas
y millones de miradas;
bailaba como una tromba
destrozando cañaverales,
como un relámpago
iluminando las tabernas polvorientas
y no cesaba de repetir:
Me duele, bailar me duele,
bailar me duele.
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La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
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