Corazón
tal vez fue la luna llena,
tal vez fue la primavera,
desperté de un sobresalto
con el angustioso sentimiento
que tenía el cuerpo hueco,
yo tenía un gran boquete en el esternón
metí la mano dentro de mi pecho
y descubrí con gran horror
Que sí..., que yo...
que es que no veis que no,
que yo no tenía corazón,
que es que no veis que no,
que yo no tenía corazón.
Mi corazón se me escapaba,
saltaba de mi cama
salía de mi casa
y se iba por ahí de farra
sería que estaba deprimido
sería que estaba resentido
yo no sé por qué había sido
pero mi corazón se había ido...
y andando, andando,
se desplazan los humanos
pero los corazones se desplazan
palpitando, palpitando, palpitando....
Brillaba el cielo, había luna llena
brillaba la luna, clara
como el sol por la mañana
yo iba siguiendo el corazón calle arriba
y no sé por qué,
empecé a romper retrovisores
de los coches aparcados
¡Fuego al Clero!
Incendié una catedral
y destrocé una sucursal
del Banco de Santander...
¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
porque no tengo corazón,
que es que no veis que no,
que yo no tenía corazón.
Desvalijando ancianos,
asesinando perros
atropellando niños,
maldiciendo y escupiendo...
me estaba envileciendo...,
me estaba envileciendo...
destrozándolo todo
lo que me encontraba al paso.
Y eso pasa si pierdes el corazón
que te vas poniendo malo...
me estaba sintiendo raro...
¿me estaría volviendo malo?
Bueno, evitaré explicaros las escenas más escabrosas y macabras de un servidor
persiguiendo a su propio corazón, sin su corazón... La cuestión es que mi corazón
se me iba..., pero se me iba mucho, Se fue de la casa, salió del barrio, de la ciudad,
se metió por el viejo cementerio, luego pasó por un chatarrero, luego otro sendero
que se internaba dentro de un bosque i luego llegó a un recodo del río donde
estaba el Puente de los Suspiros y ahí, mi corazón pues se encontraba... con otro
corazón y los dos corazones se recostaban en la baranda del Puente de los
Suspiros a palpitar, a palpitar... No, claro, eso está muy bien, claro... pero en fin...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
Porque, claro, te desorganizas y... primero se te va el corazón, pero luego se te van
los riñones, o el hígado, o cualquier otro órgano... bueno, yo ya estaba a punto de
organizarme cuando, detrás de un árbol, apareció un señor con una gabardina gris y un sombrero gris y un cazamariposas, se subió al Puente de los Suspiros y...¡Zas!,
cazó a los dos corazones... Yo, ya daba a mi corazón por perdido, pero de pronto,
salió una chica de detrás de unos matorrales, y le tiró una piedra a la cabeza del
señor de la gabardina y el sombrero gris y se cayó al suelo desvanecido.
Entonces la chica se acercó y se presentó... ¡Hola!, yo soy la dueña del otro corazón, que también se me escapa mucho por las noches... últimamente, ya se sabe, que hay
mucha gente que se le escapa el corazón y pues hay otras gentes malas, que los
caza para hacer tráfico de órganos y estas cosas y yo, como tenía una piedra, pues he pensado, tírasela, sí... sí... hay que organizarse...,
claro, hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
Bueno sí, y en eso, que pasaba por debajo del Puente de los Suspiros una caravana de esclavos, y pensamos... ¡Ya esta!
vendemos el caza-corazones al jefe de la caravana de esclavos y col el dinero que nos den, nos da de sobra para
organizarnos.
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
hay que organizarse...
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La última edición del BarnaSants, la primera dirigida por Marçal Girbau, ha reducido un 40% el número de conciertos pero ha aumentado un 33% la asistencia y la venta de entradas. Girbau, que ha valorado positivamente esta 31 edición en la rueda de prensa celebrada hoy en Barcelona, ha apostado por menos fechas, más peso artístico y producciones propias con recorrido. Y una vez más se ha reivindicado la creación del Ateneu de la Cançó.
El veracruzano Rafa Mesa, desde 2018 en su alter ego artístico Pehuenche, se presentó en formato quinteto en Barcelona dentro de su primera gira europea que le ha llevado a Londres, Copenhague, a varios escenarios de Barcelona y finalmente Madrid.