Somiatruites 2
donde solo se llegan los niños…
donde solo estudian los críos
así... con sueños raritos
Es la escuela de los soñadores
Es la escuela de los que están en las nubes
De los que sueñan cositas tan disparatadas
y tan inauditas, que es imposible estudiarlas
Y Susana que soñaba que tenía una cama con alas
y a media noche despegaba, y volaba y volaba
hasta la madrugada…
Y Lorena que soñaba que su novio era un lobo
y se pasaban las noches enteras aullando bajo la luna llena
Auuuuuu!
Y Adelaida que soñaba que respiraba debajo del agua
Y se hacía una pulsera con perlas marinas
Y además era intima amiga de los delfines y las focas
las almejas y las gambas
Y Renata que soñaba que la tierra era cuadrada
y se iba de paseo por otras galaxias
y Fidel que soñaba que le tiraba una pedrada al rey de España
Y Gerardo que soñaba que era un gato,
que soñaba que era Gerardo
Y Rafita el tartaja que soñaba que su madre no le regañaba
y la flaca Esmeralda que su padre jamás le pegaba
y Conchita que se iba chino chano a la China
y hablaba chino de la China
así con los chinos y las chinas
llaaaaa
Y el niño de la bata de rayas que nadie sabe como se llama que soñaba y soñaba y soñaba y tanto soñaba que
a la escuela no se presentaba, pero la señorita,
que era muy bonita
nunca le ponía una falta y siempre le aprobaba
porque el chaval estudiar no estudiaba,
pero soñar, ¡caray si soñaba!
caray que señorita qué simpática que era
que soñaba que era una gitanilla
y bailaba como una posesa bajo el influjo de la luna llena
lalaaaa
Había un niño con gafas que soñaba cosas tan extrañas
que es imposible explicarlas…
Y sobre las cosas que soñaba una niña
con las bragas mojadas… es mejor ni contarlas
Y es que hasta el conserje pintaba escuelas sin rejas
ni vallas, ni clases, ni tonterías absurdas de esas
sólo ventanas abiertas por donde hacían carreras
los sueños de niños y niñas
y mientras tanto, Malena nadaba con una sirena.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.