El escéptico
declaro, fatigado, del todo desengañado,
que deseo ir por el mundo con un solo accesorio,
un cartel que siempre verán colgado de mi cuello:
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
Dios, diablo, paraíso, infierno y purgatorio
los buenos recompensados y los malos castigados,
y el cuerpo de Dios en el cáliz, presente pero incorpóreo,
y el vino que se transforma en sangre, y los aceites consagrados...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
Y la buena ventura, el arte adivinatorio,
las cartas del tarot, las líneas de la mano,
la llave de los sueños y el péndulo oscilatorio,
los astros que indican qué pasará mañana...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
Las pruebas indudables, lo que es más perentorio,
los testigos dignos de un crédito patente,
y los buenos tratos durante un interrogatorio,
y las confesiones espontáneas...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
La prisión, el cadalso y algún otro exutorio,
y la eficacia de toda condena a muerte,
y el criminal armado de un deseo expiatorio,
que siente remordimientos para llegar a un buen puerto...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
Sobre la tumba, todo discurso exclamatorio,
aquello de “Era un buen hijo, un buen padre, un buen marido.”
“Era el mejor de todos, también el más meritorio,
"un santo, un pedazo de pan, el alma más noble"...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio”.
Aquellos que hablando seducen al auditorio,
y hacen que llore y grite con esperanza y miedo,
y los mil cuentos de cualquier repertorio,
y los muertos siempre necesarios para un mañana mejor...
“Yo no me trago nada, todo me parece irrisorio,
pero envidio a los que se lo meten como un supositorio.”
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El fotógrafo Maxi Vernazza publica Alguien en el mundo, un libro que reúne imágenes de Charly García tomadas entre 1998 y 2008, durante una de las etapas más intensas de su trayectoria: los años atravesados por el concepto Say No More. El volumen nace de casi dos mil fotografías, analógicas y digitales, y recorre escenarios, viajes, estudios, hoteles y momentos cotidianos del músico argentino.