Pretérito imperfecto
entubado, sondado sin ternura,
y el brazo de santa Teresa
no le sirvió de ayuda ni consuelo.
Pero murió horizontal,
ni de un tiro en la cabeza ni colgado de un árbol.
Y agonizó con la mano en el sable,
exigiendo sangre fresca y clavando el colmillo.
Saltaban tapones de champán,
pero unos buitres discretos trabajaban en la sombra
para esquivar el escobazo
y continuar con su llave en la cerradura.
Y, mientras la ingenuidad
nos cubría los ojos con velos de esperanza,
oculta iba engordando
la terrible larva de la realidad.
Entonces empezó aquel tiempo
lamentable y gris de los grandes transformistas,
y vimos cómo muchos fascistas
tiraban a escondidas la camisa al basurero.
Y se vistieron los criminales
de progenitores de la Democracia,
ungidos tal vez por la Gracia,
tal vez por serviles comedores de alfalfa.
¿Cómo queréis vencer a un tahúr
que juega con cartas marcadas?
¿Cómo queréis atravesar una pared
Atacándola a mordiscos?
¿Cómo queréis decidir vuestro destino
si os habéis malvendido las vidas?
¿Cómo queréis que crezca un pino
que tiene las raíces podridas?
Y controlaron los medios,
y el miedo esparció aquí y allí la amnesia,
y sufrimos una anestesia
que nos dejó congelados y con las manos atadas
Y vimos a ex-resistentes
pactar con los cachorros de la Dictadura
y renunciar a la ruptura
por blandas poltronas y cuentas corrientes.
El sueño salió tan ful
que coronaron a una anomalía,
y quien antes se cachondeaba
no tardó mucho en lamerle el culo.
Y como un monigote es poco,
también nos colgaron una carta magna.
Desde entonces, se desangra
el país, a punto para el derribo.
Porque el texto en cuestión
fue fabricado, y no lo digo en broma,
para descuartizar el idioma
y deshacer una nación como si fuera de azúcar.
Y a los que lo quisieron votar
como un mal menor, corregible y práctico,
les dio por el culo el poder fáctico.
En otras palabras, se burlaron de ellos.
Entonces, los nuevos Grandes Hermanos
desmantelaron todo lo que les molestaba
e hicieron que se mustiase toda rosa
que florecía lejos de su alcance
Nos convirtieron en votantes,
en consumidores sin fuego ni chispa,
y, con una visita a la urna
engañados, los enanos se creyeron gigantes.
Y un 23 de febrero
sacralizaron a golpes de tricornio
aquello que quien se hacía el despistado
aún se miraba con una cierta ironía.
Quien diga que aquel golpe de Estado
fracasó es un burro o un miserable.
De hecho, consiguió impecablemente
el objetivo para el cual fue programado.
Después, se han ido alternando
españoles de izquierdas, españoles de derechas,
contra un gobierno de juguete,
juicioso, miedoso, que vive retrocediendo.
Inflados, desacomplejados,
le van limpiando el polvo a la España eterna:
la bestia que ya no hiverna
ha vuelto con hambre y nos tiene en su punto de mira.
Hemos visto silenciada por todas partes,
con sutiles y nuevos estilos de censura,
la voz discrepante e impura
de quien mira los ídolos y dice que no cree en ellos.
Flotamos en un jugo espeso
de mediocridad informatizada,
de vida banalizada,
de espots y de deporte, de glamour y de nada.
Quien manda y tiene el control,
distorsiona las palabras sin manías.
Y poco a poco, día a día,
sus chuts nos van marcando goles:
Las víctimas son verdugos;
los nacionalistas, universalistas
cuando son el Estado, y terroristas
cuando son expoliados, ocupados y otros así.
Y los que van con bombas
arriba y abajo, y con tiros en la nuca,
van engordando la araña
que saca provecho de cada difunto.
Con new look y más aspereza,
se reanima el franquismo, la caspa prospera....
¡Que el que diga “Éste tío exagera”
se moleste a encender el televisor!
(Así pues, ¿qué podemos hacer?
Tal vez sea ya el momento de aprender a negarse
a interpretar el triste papel
de títeres mudos, de muñecos de farsa.
Negando la resignación,
tal vez ya sea hora de indignarse. Nos falta
aprender de nuevo a decir NO
y dejar de una vez de poner la mejilla.)
Si queréis vencer a un tahúr,
aprended sus jugadas.
Si queréis atravesar una pared,
utilizad herramientas adecuadas.
Si queréis elegir vuestro destino,
tomad las riendas de la vida.
Si veis podrido el pino,
plantad una encina libre.
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