Hablando de sirenas
quien nos invitó en aquel Café
hace un año, y en su papel de Celestina
nos puso en un tiempo y un decorado.
...mi vaso está tan vacío
y tus labios tan húmedos.
Qué pena que no pueda creer
que seas una sirena hasta que
en todas partes del mundo no hayamos cambiado
por agua tanta sequía.
Ya veo como dibujas una sonrisa compasiva
cuando yo dejo de hablar
y con la excusa de que ya no te queda tabaco
te has marchado. Hasta mañana.
Sé que piensas que es el vino
lo que me hace hablar así.
(¡Ay!, qué pena que no pueda creer
que seas una sirena,
porqué sé que las sirenas
se fueron, huyeron, nadaron
buscando el mundo de la humedad suprema.)*
Muy probablemente fue el azar
quien nos invitó en aquel Café…
* Esta estrofa no aparece en ninguna grabación.
Traducción: Mercè Climent
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