La muerte del abuelo
No hay canciones, sólo hay gemidos.
Todo parece estar de luto
en este rincón marinero.
En la taberna, los pescadores
han enmudecido, no dicen nada,
y las comadres, en la iglesia,
ruegan por el abuelo.
Todos irán a su entierro,
todos dirán: "¡qué bueno era!"
Todos sabrán hablar bien de él,
quizás alguno llorará de pena.
Pero no por amor, porque, al viejo
amor, tan sólo le dieron
la barca, el viento y los aparejos,
la red, el sol y el azul del mar...
Pero al día siguiente todo habrá cambiado,
porque nadie piensa ya en el viejo.
Los pescadores se han hecho a la mar,
los chiquillos juegan por la calle.
Pero en la playa, tan concurrida ayer,
sólo queda una barca
con una red que ya nunca más
volverá a besar el mar.
No volverá a besar el mar,
nunca más.
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