Que las rosas tapicen el mar
Llama si puedes, aparece de alguna manera,
que las rosas tapizan el mar, y te sueñan
cuando el alba levanta el telón y el universo despierta.
Manda señales, que los giralunas padecen
y en el Hafa Café son tristes los cielos rojizos.
Y Albanta se rinde sin tu latido, poeta,
y en la plaza Rovira no cantan ni vuelan los mirlos.
Déjate oír, renace de las cenizas.
Qué triste ha quedado el mar en Manila,
que el niño sentado no ve la otra orilla
y en Calanda retruenan tambores de pena.
Yo no te pido la luna, solo te pido una estela,
una señal, un destello de tanta ternura…
Vuelve pronto, que las musas se quejan,
que el mundo se hunde, y nada está en pie,
que ya se derrite el helado de fresa
y el café se me enfría a las cuatro y diez.
No te demores, que te vas y te pierdo.
Qué fría es la cera de la madrugada,
daría la vida solo por abrazarte
y perderme contigo en el parque que amabas.
Maldita la muerte, que asesina a poetas.
Qué será de nosotros con esos profetas,
mercaderes, sicarios, con poder y riqueza,
que no han rozado ni soñando, la belleza.
Yo no te pido la luna, solo te pido una estela,
una señal, un destello, de tanta ternura...
Adaptación: Joan Isaac
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