Tres reflexiones y una súplica
que escuchando todo ha terminado
habéis comprendido mal las canciones:
tres minutos no han movido nunca montañas
pero mil voces hacen oír al más sordo.
Yo no tengo
vocación de político,
si la tuviera no estaría cantando:
pero me estremezco de la cabeza al estómago
si me pisotean el derecho a opinar.
No pretendo
dar leyes ni consignas,
no sé hacerlo porque nunca las he aceptado,
y si alguno me creo proselitista
nada más lejos de mi intención.
Porque creo que el
palacio del respeto
es sagrado como el de los dioses del Olimpo:
cada cual ya tiene bastante con la vida
para que yo le señale el camino.
Pero si alguno dice
"yo soy apolítico",
"apostólico" o "todo me da igual",
me haría un favor increíble
olvidándose de mis canciones.
Traducción: J. M. Caballero Bonald
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