Guitar Bcn 2026
Maria del Mar Bonet presenta «L’aigua no cansa» en un Palau de la Música rendido a sus pies
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.
Maria del Mar Bonet en el Palau de la Música el pasado 23 de mayo.
© Xavier Pintanel
Maria del Mar Bonet con su banda en el Palau de la Müsica de Barcelona.
© Xavier Pintanel
Maria del Mar Bonet, con Gori Matas al piano, interpreta «Lluna de pau» con música de José María Vitier.
© Xavier Pintanel
Hay artistas que llegan a un punto de su carrera en el que viven cómodamente de la nostalgia. Maria del Mar Bonet hace tiempo que decidió que ese no era su lugar. Lo demostró en el Palau de la Música presentando L’aigua no cansa, un disco nuevo, lleno de canciones nuevas, y defendido además sin miedo, sin necesidad de convertir el concierto en un desfile de éxitos tranquilizadores. Lo suyo sigue siendo avanzar, incluso cuando mira atrás.
Y quizá por eso el concierto tuvo algo de travesía. No solo por el Mediterráneo musical que atraviesa toda su obra, sino por la manera en que fue creciendo lentamente, casi sin que uno se diera cuenta, hasta desembocar en un tramo final de enorme intensidad emocional y musical.
El Palau ayudaba. La luz del atardecer entrando por las vidrieras modernistas parecía diseñada para ese repertorio hecho de agua, viento, memoria y madera en el que Maria del Mar terminó de confirmar el gran momento vocal en el que se encuentra. La voz ha perdido quizá algo de filo juvenil, pero ha ganado cuerpo, profundidad y autoridad expresiva. Los graves tienen ahora una densidad conmovedora y los agudos, aunque cada vez más escasos, siguen apareciendo cuando hacen falta, siempre puestos al servicio de la emoción.
Acompañada por una formación modelada a medida: Toni Pastor al laúd, Marc Grasas a las guitarras, Benjamí Salom al violín, Marko Lohikari al contrabajo, José Llorach en las percusiones y, más adelante, Gori Matas al piano; desde el primer momento quedó claro que la noche iba a sostenerse sobre esa complicidad musical.
El concierto arrancó con Aigo —agua, el hilo conductor del concierto—, a la que siguieron Nina, ninona, canción de cuna a la hija que nunca tuvo; Abril, con recuerdo a José Afonso incluido y Cançó per una bona mort, en un inicio todavía contenido, delicado, casi ceremonial.
Dansa de la primavera —con un emotivo recuerdo al autor de la música Gregorio Paniagua, fallecido en enero de este año— introdujo algo más de movimiento y Des de Mallorca a l’Alguer terminó de abrir el concierto hacia una celebración más expansiva; canciones en donde el laúd de Toni Pastor recuperaba aquellos tiempos donde Javier Mas la acompañaba antes de irse a dirigir la banda de Leonard Cohen; el violín de Benjamí Salom iba del lirismo al lamento orientalizante sin esfuerzo aparente; y el contrabajo de Lohikari junto a las percusiones de José Llorach construían una base flexible y sofisticada sobre la que todo respiraba.
Pero tras Me n'aniré de casa, una de sus canciones más tempranas, llegó el verdadero corazón de la noche cuando empezó a adentrarse en L’aigua no cansa. Ahí el concierto cambió de temperatura. La intensidad comenzó a crecer de verdad.
Porque el nuevo disco no funciona como una simple colección de canciones recientes, sino como una especie de renovación estética y emocional. Hay tradición, sí, pero también riesgo, tensión y una voluntad evidente de seguir buscando. Y eso se trasladó perfectamente al escenario.
Tras L'aigua no cansa — revisitación de Sempre hi ha vent—, Blaus i blaus desplegó un aire oriental y envolvente, con un trabajo exquisito entre guitarras, laúd y violín; Sa ximbomba, revisitada con enorme elegancia, mostró hasta qué punto Maria del Mar sigue disfrutando desafiándose vocalmente; Nit unos textos de Alcmane de Sardes, poeta del siglo VII aC musicados por Mauro Pagani; L’arbre campaner que respiró una delicadeza casi camerística; y Cançó dels disbarats, con ese humor popular próximo a la tarantela, permitió incluso momentos de ironía y ligereza dentro de un repertorio de gran densidad emocional.
S’aigo no fue seguramente uno de los momentos más contundentes de la noche. Musicalmente poderosa, vocalmente exigente y emocionalmente cargada, la canción incorporaba referencias directas a la dana valenciana y a la irresponsabilidad política que agravó una tragedia con 238 fallecidos e ingente pérdidas materiales. El público respondió con aplausos espontáneos antes incluso de que terminara la pieza. La manera en que la voz de Maria del Mar se iba endureciendo sobre el empuje del contrabajo y las percusiones convirtió la canción casi en una invocación furiosa.
Cuando el concierto parecía haber alcanzado ya su techo emocional, llegó todavía otro giro. Los músicos abandonaron momentáneamente el escenario y Maria del Mar quedó sola junto al pianista Gori Matas para interpretar Lluna de pau, poema escrito durante la primera Guerra del Golfo y recuperado ahora con música de José María Vitier. La canción, inevitablemente resignificada por el presente, fue presentada de una manera muy explícita "La guerra tiene un nombre, el nombre de Trump" y la dedicó a todos los músicos cubanos que ella conoció.
Y entonces sí, ya con el Palau completamente entregado, llegaron las canciones inevitables. Per Hipòcrates, De sentir, Què volen aquesta gent, La Balenguera y finalmente una festiva Jota marinera.
Porque la gran victoria de la noche fue precisamente esa: conseguir que L’aigua no cansa no pareciera una excusa para volver a cantar lo de siempre, sino exactamente al revés. Que las canciones antiguas acabaran iluminadas por las nuevas. Y eso, después de casi sesenta años de carrera, está al alcance de muy pocos artistas.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
El veracruzano Rafa Mesa, desde 2018 en su alter ego artístico Pehuenche, se presentó en formato quinteto en Barcelona dentro de su primera gira europea que le ha llevado a Londres, Copenhague, a varios escenarios de Barcelona y finalmente Madrid.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
No es fácil sobresalir entre la vorágine de propuestas que luchan por conquistar un espacio en el disputado hábitat sonoro. Muy lejos de esa competición se encuentra Azimut, el nuevo trabajo de Joan Isaac junto a Eduard Iniesta, que se instala en otro ecosistema creativo.
El nuevo libro Mig segle vora el drac. Una història del grup Falsterbo de Miquel-Lluís Muntané reconstruye más de medio siglo de trayectoria de Falsterbo, uno de los grupos fundamentales —y el más longevo— de la Nova Cançó, y, a través de su historia, recupera una parte esencial de la memoria musical y social de Cataluña.