Llanto por Olga Guillot

por Yanni Munujos Vinyoles el 14/08/2010 

Sonó el teléfono. Era Moncho —al que un día Lucho Gatica bautizó como rey del bolero—, que me anunciaba que la reina del bolero, Olga Guillot, había muerto.

Olga era la precursora del feeling, pionera en su género, contemporánea de Sinatra, Nat King Cole o Edith Piaf, con quienes compartió escenarios.

Parece imposible que haya callado para siempre esa única manera de contar historias a través del bolero, ese derroche de intensidad que vivía a cada minuto, ese timbre de voz tan singular. Empezó a cosechar sus primeros triunfos hace ya casi un siglo, en la Cuba de Batista, anterior al triunfo de la revolución. Mamá cubana, así quería que algunos la llamáramos.

Vino a Barcelona el 14 de mayo de 1997 en la entonces discoteca Luna Mora. Fue una velada inolvidable donde compitió con una final del Barça y, aún comenzando a las 12 de la noche, a sus entonces 73 años, salió vencedora. El año siguiente debutó en el Palau. Y se paseó por Madrid y París. Se convirtió en una habitual.

Siempre que Olga aterrizaba en El Prat, los teléfonos de la oficina sacaban humo. Regresaba el bolero y con él, renacía esa Barcelona canalla, popular y vivida. Repartía simpatía entre los transeúntes. Jamás pasó inadvertida. El entonces president Jordi Pujol la citó en audiencia y se deleitó escuchándola cuando la Guillot le saludó arrancando inesperadamente con Sabor a mí en el Pati dels Tarongers del Palau de la Generalitat.

Nunca olvidaré que Olga Guillot solía decir: "Hay que salir al escenario en forma y espíritu vertical". Olga era el bolero cuando cantaba, reía, caminaba y reñía. ¿Por qué nadie nos enseñó cómo se vive sin ella? Reivindicarla es el mejor homenaje.

* (Yanni Munujos fue mánager de Olga Guillot desde 1997 hasta 2004)

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