Novedad discográfica
Alberto Leal y Alejandro Ferre: «De amores y rayuelas»
Hoy, mientras volvía a escuchar el disco que voy a comentar, me dio por pensar en algo que con frecuencia nos pasa desapercibido, pero que sin embargo, para mí, es muy importante.
Hoy, mientras volvía a escuchar el disco que voy a comentar, me dio por pensar en algo que con frecuencia nos pasa desapercibido, pero que sin embargo, para mí, es muy importante.
Portada del disco «De amores y rayuelas» de Alberto Leal y Alejandro Ferre.
Alberto Leal durante la presentación del disco "De amores y rayuelas» en la Sala Zanzíbar de Madrid.
Alejandro Ferre durante la presentación del disco "De amores y rayuelas» en la Sala Zanzíbar de Madrid.
Álvaro Ruiz, Alejandro Ferre y Alberto Leal durante la presentación del disco «De amores y rayuelas» en La Estación de Sevilla.
© Alicia Albarrán
Alberto Leal
Álvaro Ruiz, Paula de Alba, Alejandro Ferré y Alberto Leal durante la presentación del disco «De amores y rayuelas» en la Sala Zanzíbar de Madrid.
Paula de Alba.
Álvaro Ruiz.
Pienso que detrás, o mejor, dentro de un disco –en sus mismísimas entrañas– siempre late la historia de un sueño personal –el de su creador–, al que se van uniendo otras personas –casi siempre amigas– para entre todas poder hacerlo realidad. Un sueño y una historia nada fáciles; cada vez más complejas; que requieren mucho trabajo, mucha ilusión y mucho esfuerzo; y que, sin duda, por todos esos motivos, al final, cuando el disco ya está grabado, –aunque pueda gustarte más o menos– en cualquier caso merece un profundo respeto. (Yo al menos siento ese respeto hacia todos los discos que me llegan a diario; me gusta escucharlos serenamente y, sobre todo, descubrirlos y sentirlos sin prisa –en el momento oportuno–, y ¡claro! al final se me van acumulando las novedades. He de reconocer que por eso, como comentarista –no me considero un crítico– soy un poco lento y siempre ando con retraso. ¡Que me perdonen los impacientes!).
Pues bien, el disco que hoy voy a comentar, titulado «De amores y rayuelas» –por cierto, ¡precioso título!–, tiene una historia muy particular: es una historia a la que podríamos calificar como "intercontinental", protagonizada por dos compositores: Alberto Leal y Alejandro Ferre.
Alberto Leal nació en Sevilla, es psicólogo y un apasionado de la música y de la "canción de autor"; pasión que, según relata él mismo en una de sus canciones, tiene tres claros referentes musicales, igualmente sevillanos, nada más y nada menos que Joaquín Calderón, Alfonso del Valle y Manuel Cuesta.
«Las mañana muy cortas, el sonido de Joaquín [...].
Alfonso y sus canciones, el flautista de Hamelin [...].
Cantar hasta quebrarme en algún sitio de Madrid,
un concierto de Cuesta, todo empezó ahí [...]
con la guitarra en las manos pinto este lienzo para ti».
(“Lienzo de piel”)
Alejandro Ferre nació en Mar del Plata (Argentina) y es un magnífico cantautor –de largo e intenso recorrido– que tiene dos discos ya grabados en su país: «Donde nace el camino» (2007) y «Visiones de las horas quietas» (2010) –de nuevo un título bien hermoso–; cantautor que teje sueños y esperanzas en sus canciones y que, por ejemplo, aspira, entre otras maravillosas locuras, a ser «alquimista de estaciones»:
«Quien pudiera ser un alquimista de estaciones
y mudar a primavera el crudo invierno que vendrá».
(Vino y besos)
Un buen día, estando Alberto Leal en Mar del Plata –donde completaba sus estudios de psicología– conoció a Alejandro Ferre, y, ya se sabe, cuando dos cantautores se juntan, pasa lo que pasa: se pusieron a cantar "como quien respira" y ya puestos se marcaron un temita juntos, fue «À primeira vista», canción del compositor brasileño Chico César que les unió para decidir emprender una aventura compartida: «De amores y rayuelas»; aventura que, por cierto, finaliza, en la grabación del CD, con la canción de Chico César, la misma con la que se encontraron.
«De amores y rayuelas» es un disco para escuchar sin prisa, a corazón abierto; actitud de escucha imprescindible para poder disfrutar y desentrañar, entre otras cualidades, su riqueza poética. En «De amores y rayuelas» nos encontramos «cortinas de agua», «mares en el cielo» o «el árbol de hojas de vida»; «sonrisas tatuadas en los ojos» –«ojos negros de ultramar»–, «miradas turquesas en el agua» y «labios sembrando poesías»; «claridades que alumbran, encienden y asombran», «transparencias templadas en la calma», «besos hasta reventar» y «latidos desbocados»...: y todo ello acentuado, subrayado y acariciado con unas hermosas melodías que hacen posibles e interpretan los propios Alberto y Alejandro, acompañados de Agustín Bax, Antonio Torres, Claudio Campos, Jorge Pittaluga y Juan Manuel Ribas.
En «De amores y rayuelas», como era de esperar –y se agradece– se le canta al amor"creaciente" –que se hace y se deshace de forma cotidiana y sin ramplonerías–; un amor que se desborda en entregas, deseos y pasiones tan hermosas y tan radicales, como las que Alberto nos canta en «Quiero comprarte el mundo».
«Quiero que tus pies se acerquen
al sonido de tu voz.
comerme tus gemidos de sal,
llenarte de jazmines,
cortar con el cuchillo de tus manos
nuestra soledad
Atarme a la felicidad,
sujetarnos las promesas,
besarnos hasta reventar,
cambiarte las canciones por viajes
a nunca jamás.
Quiero poder atravesar tus cortinas de agua,
susurrarte sin hablar,
seguir tu dirección sin carreteras secundarias,
escucharte siempre el mar
Quiero aprender a navegar
por las nubes de tu espalda,
que me enseñes a volar,
borrar nuestros motines con mi aire
y tu tempestad.
Quiero comprarte el mundo,
bucear por tu realidad
Quiero todo contigo
y no quiero nada más».
(“Quiero comprarte el mundo")
En «De amores y rayuelas», por otra parte, airea también la capacidad de soñar y la esperanza; y entre sus canciones me gustaría destacar una muy recomendable para escucharla todos los días en estos tiempos raros de tanta crisis, de tanta derechización de los derechos, de tantos sueños rotos, de tanta mierda economicista y, por qué no decirlo, de tanta sinvergüencería en el poder; me refiero a la canción «Agua de otro mar» escrita y compuesta por Alejandro Ferre:
«Hay caminos que guardas en la memoria.
historias que dan luz,
hay sentido en la locura que te lleva
por este sueño azul.
Y aunque a veces casi todo se derrumba,
en la noche hallas un sol que al fin te alumbra
nuevos pasos, viejas huellas bajo arena
para continuar.
Y aunque este agitado mar hoy te marea
y aunque a veces toda orilla sea ajena,
siempre hay una tabla a mano que te acerca
al agua de otro mar.
Hay dolores que aún abruman tus palabras
que el tiempo curará,
hay sequías que resecan la esperanza
pero ya lloverá.
Hay presencias silenciosas que te aguardan.
que te aclaran con su abrazo la penumbra
de ese tiempo que vendrá tras de la bruma
que hoy te hace dudar».
(“Agua de otro mar”)
Finalmente, par concluir este artículo, he de destacar, por una parte, la colaboración de Paula de Alba en el concierto que Alejandro y Alberto nos ofrecieron en la sala Zanzíbar, de Madrid. Una jovencísima Paula que mejora y se crece por días tanto desde el punto de vista musical como poético.
Y resaltar, por otra parte, lo que supuso para mí un gran descubrimiento que ya intuí con anterioridad en un concierto de Adrián Morages, y que ahora confirmo; me refiero al cantautor, también sevillano, Álvaro Ruiz; joven creador, del que seguro que tendré que hablar y escribir mucho en un futuro próximo porque me parece que va a llegar a ser, muy pronto, un cantautor extraordinario.
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