El cantautor catalán se despide de Argentina
Xavier Ribalta: «Me niego a escuchar una canción en inglés porque es un idioma que pudre y envenena al resto de las culturas»
El cantautor catalán Xavier Ribalta, una de las voces esenciales del movimiento de la Nueva Canción Catalana, concluirá el sábado en la sala porteña del Margarita Xirgu la puesta en directo del impactante álbum La Ciutat Llunyana (La Ciudad Lejana) que estuvo presentando en la Argentina desde hace cerca de un mes.
El cantautor catalán Xavier Ribalta, una de las voces esenciales del movimiento de la Nueva Canción Catalana, concluirá el sábado en la sala porteña del Margarita Xirgu la puesta en directo del impactante álbum La Ciutat Llunyana (La Ciudad Lejana) que estuvo presentando en la Argentina desde hace cerca de un mes.
Xavier Ribalta
© Xavier Pintanel
Télam - La obra, basada en textos del poeta Màrius Torres (1910-1942), ejecutada por la Orquesta Sinfónica Julià Carbonell de les Terres de Lleida, que comanda Alfons Reverté, a partir de arreglos del pianista Albert Guinovart, acaba de tener su edición local y está siendo presentada por Ribalta junto al guitarrista argentino Jorge Labanca.
La Ciutat Llunyana fue mostrada en Argentina por el juglar —de 69 años— en recitales en Buenos Aires, La Plata, Morón, Rosario, Mercedes, Mar del Plata, Venado Tuerto, Paraná, La Paz, Santa Fe, Córdoba y Mendoza y el sábado a las 19 rematará el tour en la sala sita en Chacabuco 875, Capital.
“Siento que necesité 47 años para poder musicar a Torres porque me llevó ese tiempo y muchas conversaciones internas con el poeta el poder encontrarle la música al caudal impresionante que hallé en su obra”, confesó Ribalta en una entrevista con Télam.
Torres, quien murió solo y tuberculoso tras una internación de 10 años en plena Guerra Civil Española, falleció en 1942 y su breve obra recién se publicó en 1947 en México.
“Me quedó una paz y una tranquilidad de haber alcanzado aquello que me propuse. Siento que ha sido una entrega tan grande -señaló- que ahora ya estoy vacío para componer”.
En el mismo sentido, Xavier graficó que “estoy saboreando el placer de ver la obra. Si la vida es como escalar el Everest, percibo que ahora estoy en la cima del esfuerzo que ha representado y quiero bajar hacia el silencio”.
¿Lo siente como un acto final de su trayectoria?
No. Estoy todavía en la vida y a nivel de interpretación me siento mejor que nunca.
Desde esa cima ¿qué observa del camino recorrido?
Hacia atrás lo que más tristeza me causa es la pérdida de los amigos y la gente que uno ha querido. Uno se siente más solo pero tranquilo.
A lo largo de su obra ha mantenido la decisión de cantar en catalán ¿alguna vez pensó que la utilización de esa lengua podría ser una barrera?
Yo me dedico al arte y a difundir la poesía de siempre que es universal en la lengua que sea. Las barreras que separan a los hombres no son lingüísticas, son ideológicas. He cantado en todo el mundo y jamás tuve ningún problema porque la palabra es la fuerza del sentimiento. Y si esas barreras existieran, no saldría de casa.
Además del componente político de su decisión de cantar en catalán ¿qué otros motivos lo apuntalaron en esa dirección?
Aunque podría componer y cantar en español, en francés y hasta en alemán, siempre he intentado ser lo más sincero y riguroso posible en mi trabajo y como mi lengua maternal es el catalán allí encuentro la fuerza, la coherencia y la capacidad de emocionar.
¿Qué significa la poesía para usted?
Llevo 47 años en este oficio y la poesía es el refugio que a uno lo puede ayudar a soportar mejor la vida. No digo que la poesía vaya a cambiar el mundo, pero si hubiera más poetas y la gente conociera más el mensaje de los poetas, el mundo sería mucho mejor.
Pero este trabajo es duro y los pueblos necesitan cultura para perder menos tiempo detrás de un balón de fútbol y comprar un libro de poesía.
¿Cómo vivió este regreso a la Argentina para una larga serie de presentaciones?
El argentino tiene curiosidad e interés, se mueve. Pero no deja de sorprenderme el hecho de que en la Argentina se hable otro lenguaje en el que siempre hay una cosa subterránea que quizá forma parte de su personalidad que me resulta un tanto desconcertante.
¿Qué cosas rescata de lo que fue la Nueva Canción Catalana?
Ese movimiento nos reunió a una serie de personas que levantamos el grito con el canto y la palabra como una expresión de lo que le pasaba al pueblo. A lo mejor, sin la opresión y la represión de entonces, aquello no hubiera existido pero yo me identifico totalmente con los postulados de entonces.
¿Cuánto valor le otorga a las lenguas?
La lengua es la seña de identidad de los pueblos y debemos protegerlas. Por eso me niego hoy a escuchar una canción en inglés porque es un idioma que pudre y envenena al resto de las culturas.
¿De qué modo definiría a la Barcelona actual?
La Barcelona de postal es la que venden hoy porque están quitando la personalidad de los pueblos. Pero yo he conocido también una Barcelona mejor, que en los años del franquismo ha sido mucho más solidaria, mucho más enérgica.
Ahora en el aspecto cultural la veo bastante empobrecida porque su opulencia ha sido de mucha paja y poco grano, aunque su canción sigue conservando a los exponentes más importantes y no está apagada la llama.
¿Cómo resuena en usted la irrupción de los indignados?
Toda aquella persona que tenga un mínimo de sensibilidad, debe reaccionar ante tanta insolencia y lo digo yo, que llevo indignado toda la vida y me digo que ya era hora. Pienso que hay que levantarse pero no sólo para que te suban el sueldo sino para que la cultura fluya.
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