Ex bandoneonista de Osvaldo Pugliese y Ástor Piazzolla

Rodolfo Mederos: «Al público siempre hay que traicionarlo»

AGENCIAS el 14/09/2012 

El bandoneonista Rodolfo Mederos, que retomó el fin de semana pasado la actividad luego de una operación cardíaca, afirmó que es un imperativo del artista "traicionar al público y no darle sólo aquello que ya conoce y ya tiene digerido".

Rodolfo Mederos

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Télam/Romina Grosso y Mariano Suárez - "Creo que al público siempre hay que traicionarlo. Porque darle lo que ya ha digerido o masticado es como llevarlo al McDonalds de la música. Es ofrecerle nada", afirmó Rodolfo Mederos, de 72 años, en diálogo con Télam.

El ex bandoneonista de Osvaldo Pugliese y Ástor Piazzolla se presentará, con el formato de Orquesta Típica, los viernes 14 y 21 y los sábados 15 y 22 de septiembre, a partir de las 22, en el Centro Cultural Torquato Tasso (Defensa 1575).

Actuarán como invitados del ciclo los cantantes Lidia Borda y Ariel Ardit.

Superados sus problemas de salud, Mederos volvió el fin de semana al circuito musical con su Orquesta Típica (fila de bandoneones y violines, más viola, violoncello, guitarra, piano y contrabajo), formación a la que definió como "el generalato en la historia del tango".

"Fue el mejor formato en el que se expresó esta música. Es un punto que no se pudo superar. El tango no pudo superarse a sí mismo y luego sobrevino un vaciamiento de su cultura", destacó Mederos.

"Especialmente en este contexto, la función del músico -aseguró- es la de generar un estado de conciencia en el público, mucho más incluso que un político. Y debe crearlo a través de la emoción".

¿Hay una función del músico que consiste en ofrecer algo que vaya más allá de lo que se espera de él?

 

El público, muchas veces, llega contaminado y bloqueado por una serie de estímulos que no son muy alentadores desde el costado artístico. Llega cansado, distraído, indigestado y el músico debe penetrar esa capa protectora, ese blindaje que no siempre es posible penetrar.

Muchas veces el público se acerca al hecho musical esperando algo predeterminado; escuchar ciertos tangos, tocados de una manera determinada. Y a veces uno traiciona esa expectativa y produce una decepción que hasta resulta entendible.

Pero creo que al público hay que traicionarlo siempre. Porque darles lo que ya han digerido y masticado es como llevarlos a un McDonalds. Algo tiene que ocurrir en el escenario. Y lo novedoso tiene que venir por el lado de la profundidad y no por hacer cosas como saltar por el aire o poner chicas desnudas.

¿El tango contemporáneo está muy contaminado por condimentos externos?

 

El tango se convirtió en una suerte de objeto curioso, lejano; algo que pertenece a otra época, una suerte de tiranosaurio rex al que la gente se acerca a mirar cómo era.

En ese contexto, presentar una Orquesta Típica, como estamos haciendo, no deja de ser una rareza. Es el modo en que mejor se expresó este género.

Después el tango padeció un decaimiento que no tuvo que ver con su incapacidad de superarse a sí mismo sino con otra clase de quiebres. El golpe del 55 fue uno de los primeros.

Luego, desde los 70, se instalaron otros gustos. Y a mí me ha tocado ver la decadencia del tango, con "El club del clan" y "Grandes valores del tango": ser tanguero se convirtió el algo vergonzoso.

¿Se ha recuperado terreno desde aquel momento?

 

Hay una inquietud. No quiero parecer nihilista o discepoliano, aunque tal vez un poco lo soy, pero tampoco quiero ser ingenuo. Por supuesto que hay músicos con intereses, pero de ahí a pensar que hay un resurgimiento y a decir que el tango atraviesa su mejor momento, no.

Los estudiantes de hoy están un poco huérfanos de posibilidades porque tienen que ir a los discos porque el tango es algo que ya no está más. Yo lo aprendí tocando. Como aprendimos a hablar, entre gente que hablaba nuestra lengua y no estudiando gramática. Y hoy los muchachos en el tango no tienen esa posibilidad.

Muchas orquestas jóvenes se encuentran en una etapa de repetición y eso me parece bien. Es bueno que intenten recuperar el lenguaje, no melancólicamente ni para traer el pasado al presente, sino para que se nutran de esa teta. Quizá es la única manera de recrear esa cultura.

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