Nuestros evangelistas
Desde los antiguos griegos se llama acrópolis a la ciudad alta, ese lugar que está cerca de los dioses y del espíritu. Montjuïc es ahora, despojado de los vestigios militares, una verdadera acrópolis del arte y del recuerdo. Muertos y vivos se encuentran allí para ofrecer lo mejor de cada uno. A la acrópolis se debe subir a pie, con esa penitencia casi genuflexa de quien sabe que va a experimentar una revelación. Serrat y Sabina nos invitaban en el Sant Jordi a una comunión con la vida del país real. Y así, miles de gentes vieron que las escaleras mecánicas municipales funcionaban.
Con los años empiezan a agobiarme las multitudes y además acostumbran a inhibirme la capacidad de emocionarme. Veinte personas ya son un exceso. Pero Serrat y Sabina hacen que 15.000 sean un grupo de amigos. El ritual de esos dos tipos va más allá de la música. Es una manera de decirnos que estamos creciendo como especie. Moriremos, morirán, y sin embargo, las canciones y los himnos continuarán en las manos y en la garganta de la gente. Con dos músicos como ellos podía aparecer la tentación de competir. Y sin embargo, consiguieron hacer del empate una multiplicación. A Sabina le coreaban las canciones. A Serrat se le escuchaba con un silencio religioso. 15.000 personas calladas mientras Joan interpretaba Cremant núvols tenían la misma fuerza que el estribillo de Pacto entre caballeros cuando el personal se agitaba con aquello de "mucha, mucha policía". Era nuestro evangelio.
Pero uno, que ya empieza a mirar lo que le rodea no en el reloj sino en los libros de historia, también deja abrir el grifo de la lágrima. Con guitarra eléctrica distorsionada y una banda espléndida, los dos pájaros la tomaron con Para la libertad, de Miguel Hernández. Y pensé en el poeta de Orihuela, preso en la cárcel de Alicante tras la guerra civil, esperando a la muerte, pasmado si alguien le hubiera dicho que algún día sus poemas o los de Machado serían cantados por las multitudes. El otro día, en la acrópolis, no eran dos. Estábamos todos los que fueron y también los que algún día serán. Para la libertad, naturalmente.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El fotógrafo Maxi Vernazza publica Alguien en el mundo, un libro que reúne imágenes de Charly García tomadas entre 1998 y 2008, durante una de las etapas más intensas de su trayectoria: los años atravesados por el concepto Say No More. El volumen nace de casi dos mil fotografías, analógicas y digitales, y recorre escenarios, viajes, estudios, hoteles y momentos cotidianos del músico argentino.