Nuestros evangelistas
Desde los antiguos griegos se llama acrópolis a la ciudad alta, ese lugar que está cerca de los dioses y del espíritu. Montjuïc es ahora, despojado de los vestigios militares, una verdadera acrópolis del arte y del recuerdo. Muertos y vivos se encuentran allí para ofrecer lo mejor de cada uno. A la acrópolis se debe subir a pie, con esa penitencia casi genuflexa de quien sabe que va a experimentar una revelación. Serrat y Sabina nos invitaban en el Sant Jordi a una comunión con la vida del país real. Y así, miles de gentes vieron que las escaleras mecánicas municipales funcionaban.
Con los años empiezan a agobiarme las multitudes y además acostumbran a inhibirme la capacidad de emocionarme. Veinte personas ya son un exceso. Pero Serrat y Sabina hacen que 15.000 sean un grupo de amigos. El ritual de esos dos tipos va más allá de la música. Es una manera de decirnos que estamos creciendo como especie. Moriremos, morirán, y sin embargo, las canciones y los himnos continuarán en las manos y en la garganta de la gente. Con dos músicos como ellos podía aparecer la tentación de competir. Y sin embargo, consiguieron hacer del empate una multiplicación. A Sabina le coreaban las canciones. A Serrat se le escuchaba con un silencio religioso. 15.000 personas calladas mientras Joan interpretaba Cremant núvols tenían la misma fuerza que el estribillo de Pacto entre caballeros cuando el personal se agitaba con aquello de "mucha, mucha policía". Era nuestro evangelio.
Pero uno, que ya empieza a mirar lo que le rodea no en el reloj sino en los libros de historia, también deja abrir el grifo de la lágrima. Con guitarra eléctrica distorsionada y una banda espléndida, los dos pájaros la tomaron con Para la libertad, de Miguel Hernández. Y pensé en el poeta de Orihuela, preso en la cárcel de Alicante tras la guerra civil, esperando a la muerte, pasmado si alguien le hubiera dicho que algún día sus poemas o los de Machado serían cantados por las multitudes. El otro día, en la acrópolis, no eran dos. Estábamos todos los que fueron y también los que algún día serán. Para la libertad, naturalmente.
Casi cuatro décadas después de su estreno en Ámsterdam, la cantata Dialecto de Pájaros del compositor Patricio Wang revive en Chile con una versión revisada por su autor. Una obra mística y vanguardista que regresa para cerrar un ciclo pendiente en la historia musical de Quilapayún y Patricio Wang.
El Festival BarnaSants 2026 iniciará el 27 de enero, en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, su 31.ª edición con un concierto de homenaje al cantautor Lluís Llach, que conmemorará el 50.º aniversario de los míticos conciertos de enero de 1976. El espectáculo reproducirá, medio siglo después el repertorio original íntegro de aquellos conciertos con la participación de artistas como Manel Camp, Santi Arisa, Borja Penalba, Gemma Humet o Joan Reig, entre otros.
En el marco de las celebraciones por su 60º aniversario, la emblemática banda chilena Inti-Illimani suma una nueva colaboración de alto calibre: esta vez junto al maestro Valentín Trujillo, en un EP que reinterpreta dos de las canciones más significativas del repertorio cultural chileno: El arado, de Víctor Jara, y El pueblo unido jamás será vencido, de Sergio Ortega.
El cantautor asturiano Víctor Manuel inaugura etapa con Altafonte y presenta un álbum producido por David San José, formado por composiciones que abordan el amor, la esperanza y la identidad personal en un tiempo marcado por la incertidumbre.
La cantante italiana Ornella Vanoni, conocida por clásicos como Senza fine, deja una trayectoria de más de siete décadas marcada por la versatilidad, la presencia escénica y su papel como una de las grandes damas de la canción italiana.