Nuestros evangelistas
Desde los antiguos griegos se llama acrópolis a la ciudad alta, ese lugar que está cerca de los dioses y del espíritu. Montjuïc es ahora, despojado de los vestigios militares, una verdadera acrópolis del arte y del recuerdo. Muertos y vivos se encuentran allí para ofrecer lo mejor de cada uno. A la acrópolis se debe subir a pie, con esa penitencia casi genuflexa de quien sabe que va a experimentar una revelación. Serrat y Sabina nos invitaban en el Sant Jordi a una comunión con la vida del país real. Y así, miles de gentes vieron que las escaleras mecánicas municipales funcionaban.
Con los años empiezan a agobiarme las multitudes y además acostumbran a inhibirme la capacidad de emocionarme. Veinte personas ya son un exceso. Pero Serrat y Sabina hacen que 15.000 sean un grupo de amigos. El ritual de esos dos tipos va más allá de la música. Es una manera de decirnos que estamos creciendo como especie. Moriremos, morirán, y sin embargo, las canciones y los himnos continuarán en las manos y en la garganta de la gente. Con dos músicos como ellos podía aparecer la tentación de competir. Y sin embargo, consiguieron hacer del empate una multiplicación. A Sabina le coreaban las canciones. A Serrat se le escuchaba con un silencio religioso. 15.000 personas calladas mientras Joan interpretaba Cremant núvols tenían la misma fuerza que el estribillo de Pacto entre caballeros cuando el personal se agitaba con aquello de "mucha, mucha policía". Era nuestro evangelio.
Pero uno, que ya empieza a mirar lo que le rodea no en el reloj sino en los libros de historia, también deja abrir el grifo de la lágrima. Con guitarra eléctrica distorsionada y una banda espléndida, los dos pájaros la tomaron con Para la libertad, de Miguel Hernández. Y pensé en el poeta de Orihuela, preso en la cárcel de Alicante tras la guerra civil, esperando a la muerte, pasmado si alguien le hubiera dicho que algún día sus poemas o los de Machado serían cantados por las multitudes. El otro día, en la acrópolis, no eran dos. Estábamos todos los que fueron y también los que algún día serán. Para la libertad, naturalmente.
La cantautora chilena Elizabeth Morris presenta un nuevo trabajo discográfico marcado por la grabación orgánica, la sencillez como eje creativo y un enfoque profundamente emocional, con colaboraciones de Joe Vasconcellos y José Seves.
La cantante mexicana Lila Downs recibirá el galardón el 20 de julio en Cartagena, en el marco del festival La Mar de Músicas, como reconocimiento a una trayectoria artística que ha tendido puentes entre culturas, lenguas y tradiciones musicales desde una mirada profundamente comprometida.
El cantautor argentino, radicado desde joven en Costa Rica, Adrián Goizueta, murió a los 74 años. Compositor, intérprete, docente y productor cultural, fue una referencia central en la renovación de la música latinoamericana contemporánea en el país.
La colección Antología Isabel Parra: 1966–1972 recupera seis títulos fundamentales de la cantautora chilena, reeditados por primera vez en formato vinilo con sonido remasterizado y un cuidado editorial integral, dentro del primer proyecto de rescate musical de Colección Amerindia, nuevo sub-sello de Aula Records.
El músico y cantante Salvador Escribà, figura central de las fiestas populares en Cataluña y fundador del sello Salseta Discos, murió a causa de un ictus. Su trayectoria está ligada tanto a la música de baile como al impulso decisivo del rock catalán.