Virtuosos de la txalaparta

El grupo vasco Oreka Tx desembarca en Buenos Aires

AGENCIAS el 10/12/2014 

El grupo vasco Oreka Tx se presenta para regalar y expandir el sonido de la txalaparta, atracción principal de su espectáculo Nömadak Tx, el próximo domingo a las 17 en el Auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, con entrada libre y gratuita.

El grupo vasco Oreka Tx.

© Raúl Ferrari/Télam

Télam - Nömadak Tx atraviesa un concierto-viaje que combina música, como herramienta de experimentación, fusión e interacción cultural a partir de la ejecución del instrumento percusivo vasco de la txalaparta, e imágenes sobre sus viajes por la India, Laponia, el Sahara y Mongolia.

En esta oportunidad Oreka TX se presentará en formato de trío con Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte en txalaparta de cedro —que ambos construyeron en Buenos Aires días antes de su presentación— y Mixel Ducau en alboka, saxo y guitarra, junto a la cantautora Silvia Iriondo, en la sala de Agüero 2502, barrio de Recoleta.

"Fue una revolución salir a tocar con la txalaparta por primera vez porque en cierta medida ha estado muy unida a la simbología vasca, a lo político, a la reivindicación, al resurgir de nuestra cultura en los 60 y 70 y a su recuperación tras la muerte de Franco, creando la sensación de raíz y de orgánico", expresó Harkaitz Martínez de San Vicente en dialogo con Télam.

"Nosotros lo vivimos de una manera más instrumental y musical —añadió—. Le veíamos otras oportunidades y por eso lo sacamos a la calle sin ser conscientes del choque en aquel momento, porque el entorno le ha dado una determinada identidad al instrumento que va mucho más allá de lo musical".

El dúo vasco supo reconocer, indagar, desafiar y perpetuar la historia de este instrumento percusivo vasco, que estuvo a punto de extinguirse en la década del 60 cuando sólo quedaban dos parejas de txalapartis que lo tocaban, los hermanos Zuaznabar y los Goikoetxea.

"Lo que más nos gusta son las condiciones en las que se da la música y su relación con la construcción del entorno, su peso, toda esa biósfera en la que se encuentra inmerso sin que sea algo místico", reflexionó Mikel Ugarte.

En la misma línea subrayó que se vuelve más interesante "cuanto más condicionado está lo que hay que componer. Lo bueno que tiene es que hay que reinventarlo a cada momento, adaptarse y eso nos atrae. Las limitaciones te hacen pensar en cosas que si no hubiesen existido, no las pensarías".

El instrumento cromático, sobre el cual —la mayoría de las veces— se improvisa, consta de dos soportes envueltos con algún material aislante y sobre los que se apoyan bloques o tablas de diferentes dimensiones que son golpeadas con cuatro palos.

En palabras de Ugarte, la txalaparta "transmite la sensación de seguir sintiéndote niño. Despierta la emoción y el ansia de seguir descubriendo, porque a diferencia de otros instrumentos con cuatro cosas que ya sabes hacer, suena algo".

La interacción deviene cuando "no hay un cerebro, sino dos que están intercalándose. Según lo que te propone tu compañero, la cosa cambia a la hora de crear y es muy difícil controlarlo", confesaron los músicos.

"Relacionamos txalaparta más al ritmo que se comparte que al instrumento en sí —manifestaron—, porque no se puede tocar de a uno y requiere una persona de la otra para complementarse y generar un solo compás, que no termina perteneciendo ni a uno ni al otro, y eso ocurre de forma cíclica generando la unidad".

La esencia de la txalaparta se centra, según coincidieron ambos músicos en "la manera en que se comparte ese ritmo, es una filosofía del propio instrumento, lo cual nos parecía interesante para el encuentro de dos culturas y la actitud de crear algo en positivo y la posibilidad de escucharnos".

La txalaparta, personal y sin estándares comerciales, no tiene una historia escrita salvo la creencia de su evolución a partir del trabajo colectivo, como pudo haber sido la labor de moler el arroz o tallar la piedra; su estilo más primitivo resulta de golpearlo pero en lugar de afilarlo, afinarlo, destacaron los músicos.

"Ahora queda descontextualizada. Antes se construía por una necesidad de interpretar esos ritmos en compañía, la forma física podía construirse con cualquier elemento. Hoy en día ya tenemos el instrumento, no vivimos en ese entorno, no trabajamos de esa forma, pero se ha sabido adaptar y por eso su desarrollo ya no es una función de trabajo social, es más bien musical, de ocio e instrumental", concluyeron los txalapartis.

Oreka Tx registra tres discos de estudio, el primero Quercus Endorphina (2001), luego el box de discos y documental Nömadak Tx (2007), donde los músicos se dieron el gusto de construir una txalaparta con bloques de hielo en el Ártico y con piedras en el Sahara, y por último Silex (2013), en el que convive la tradición, el canto, la danza y el deporte rural vasco.

El día previo al show, el sábado 13, los músicos ofrecerán una clínica sobre la historia y uso del instrumento vasco en el salón Siete Octavos (Luis María Drago 158, Villa Crespo) a las 18.30.

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