21 Mercat de Música Viva de Vic
Grangrupo Malpaís
Ayer se presentó en el Mercat de Música Viva de Vic el grupo costarricense Malpaís. Mal nombre para un gran grupo.
Ayer se presentó en el Mercat de Música Viva de Vic el grupo costarricense Malpaís. Mal nombre para un gran grupo.
Escuchar los discos de Malpaís no da la dimensión exacta de sus conciertos en vivo. La fuerza que transmiten no cabe en los 12 centímetros de diámetro de un CD.
Malpaís juega las reglas del juego de un concierto de pop-rock pero con el contenido de un trovador. Sus eclécticos temas tienen la unidad de un sonido especial, particular, personal.
En la biografía de Malpaís no figura una fecha exacta de fundación. Cuentan que empezaron a trabajar juntos provisionalmente y de eso hace diez años. Son músicos de larga trayectoria personal. Varios talentos personales que han sabido conjugar sus artes al unísono para crear espectáculos como el que se vivió ayer por la noche en el Mercat de Música Viva de Vic.
Seguramente la ubicación y la hora del concierto no fueron los más acertados. Da igual, demostraron lo que tenían que demostrar. El talento —como la vida— se abre paso a pesar de todo.
Malpaís estará mañana domingo en Madrid en la Sala Galileo a las 8:30. Parece ser que los Malpaís quieren ahora conquistar Europa. Ayer se vio a Pere Camps, director del festival BarnaSants en los camerinos. Algo apunta a que la conquista va por buen camino.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.