Alessio Arena cuenta las canciones de «La secreta danza» (6 de 12)
Alessio Arena: «#6 Agosto, ¿dónde estabas?»
Sexta de las entregas en donde Alessio Arena nos cuenta en forma de cuentos las canciones de La secreta danza. Hoy, Agosto, ¿dónde estabas?
Sexta de las entregas en donde Alessio Arena nos cuenta en forma de cuentos las canciones de La secreta danza. Hoy, Agosto, ¿dónde estabas?
Alessio Arena.
© Nicola Buono
Madre estaba a un palmo de la pantalla de nuestro antiguo televisor, reluciente como una vajilla que haya sido penosamente fregada y abrillantada. Era domingo de limpieza y ella miraba las cosas muy de cerca con el aire amenazador de quien les fuera a devolver la vida. Eso es, no sólo las limpiaba: les cambiaba área y perímetro, las manoseaba con mala leche, las sacudía para que botaran hasta el más diminuto grano de polvo.
Con la tele, de todas formas, había sido diferente. La tele estaba encendida mientras ella la limpiaba, y el programa era uno de esos memoriales nostálgicos que la RAI dedicaba a sus antiguos programas de música, en los que a los intérpretes, fascinados por un público elegante y muy atento, les bajaba un micrófono del cielo, es decir, de la parte superior del encuadre de la cámara. Ellos en ningún momento podían sujetarlo, y con la barbilla rígida apuntando hacia el norte, cantaban como para los dioses y sus otros amigos invisibles.
Madre dejó su bayeta y apoyó y ese armatoste de plástico que contenía el desgrasante más prodigioso del mercado. En la tele ahora cantaba Bruno Martino, con su pajarita negra que bajaba y subía con los exquisitos movimientos de su yugular.
"E la chiamano estate, questa estate senza te...".
El verso, vagamente retórico, sonaba desencantado y si no hubieses mirado con tus ojos a ese elegante señor de la tele, hubieses pensado que estuviera pidiendo otra copa para emborracharse en lugar de encontrarse cantando frente a un poblado auditorio.
Madre se reincorporó con gesto rápido. Sus ojos fueron a parar al calendario en la pared, congelado en la página de junio.
Yo sabía que en este momento ella estaba algo triste porque ese verano habíamos estado esperando algo que no había llegado. Sólo nos quedamos en casa, ella cocinando tortillas de pasta y yo leyendo a Onetti.
"Las historias que empiezan o terminan en verano no valen nada" dijo. "Son puras anécdotas en la vida de uno".
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