¡Por fin!
Desde que ya por fin,
me adora mi traidora Marieta
la vida es un jardín
soberbio, incluyendo a la violeta.
Lo veo todo flor,
no importa si es un cardo borriquero,
alucino en calor
cuando dice: “te espero”.
La vida es un jardín
y quiero cultivar cada maceta,
desde que ya, por fin,
el clima se lo mima Marieta.
La rosa y el clavel,
el musgo, los trigales, los olivos...
y las abejas miel
y sus muslos tan vivos.
Y pensar
que el azahar,
me afligía con su aroma,
hay que ver
lo del querer
cómo te saca del coma.
Desde que ya por fin,
me acosa mi preciosa Marieta,
la vida es un festín
y no quiero doblar la servilleta.
Tanto que saborear
por valles, por montañas y por ríos,
dulces al paladar
sus pechos bravíos.
La vida es un festín
y voy a devorar cada receta
desde que ya, por fin,
la guisa con su risa Marieta.
Para calmar mi sed
hay miles de licores y de vinos,
dicen “bebed, bebed”,
sus húmedos caminos.
Y pensar
que, antes, el mar
me sabía medio insulso,
hay que ver
lo del querer
cómo te mejora el pulso.
Desde que ya, por fin,
me besa mi marquesa Marieta
la vida es un delfín
y voy de voltereta en voltereta.
Y emito una señal
que sólo entienden los enamorados,
y su boca es genial,
los labios rizados.
La vida es un delfín
y me es imprescindible cada aleta,
desde que ya, por fin,
la espuma se consuma en Marieta.
Surgir y resurgir,
saltando por las olas me recreo,
para después hundir,
hundirme en su deseo.
Y pensar
que, a mi, nadar
me fatigaba muchísimo.
Hay que ver
lo del querer
cómo te deja, nuevísimo.
me adora mi traidora Marieta
la vida es un jardín
soberbio, incluyendo a la violeta.
Lo veo todo flor,
no importa si es un cardo borriquero,
alucino en calor
cuando dice: “te espero”.
La vida es un jardín
y quiero cultivar cada maceta,
desde que ya, por fin,
el clima se lo mima Marieta.
La rosa y el clavel,
el musgo, los trigales, los olivos...
y las abejas miel
y sus muslos tan vivos.
Y pensar
que el azahar,
me afligía con su aroma,
hay que ver
lo del querer
cómo te saca del coma.
Desde que ya por fin,
me acosa mi preciosa Marieta,
la vida es un festín
y no quiero doblar la servilleta.
Tanto que saborear
por valles, por montañas y por ríos,
dulces al paladar
sus pechos bravíos.
La vida es un festín
y voy a devorar cada receta
desde que ya, por fin,
la guisa con su risa Marieta.
Para calmar mi sed
hay miles de licores y de vinos,
dicen “bebed, bebed”,
sus húmedos caminos.
Y pensar
que, antes, el mar
me sabía medio insulso,
hay que ver
lo del querer
cómo te mejora el pulso.
Desde que ya, por fin,
me besa mi marquesa Marieta
la vida es un delfín
y voy de voltereta en voltereta.
Y emito una señal
que sólo entienden los enamorados,
y su boca es genial,
los labios rizados.
La vida es un delfín
y me es imprescindible cada aleta,
desde que ya, por fin,
la espuma se consuma en Marieta.
Surgir y resurgir,
saltando por las olas me recreo,
para después hundir,
hundirme en su deseo.
Y pensar
que, a mi, nadar
me fatigaba muchísimo.
Hay que ver
lo del querer
cómo te deja, nuevísimo.
Versión de Javier Krahe
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