Me beberé tus lágrimas
quiere salir volando de su cuenca,
con los ojos abiertos como puertas
miro hacia ti, corriente de mis venas.
Hoy se cumplen tres meses y no hay vuelta
y no habrá en mucho tiempo aunque se pueda,
porque no sé dónde el camino empieza
ni adónde me conducen las veredas.
Me beberé tus lágrimas secretas,
arrancadas de tu alma callejera,
las juntaré en un cántaro que hiciera
con los nueve deditos que me quedan,
cantores y escribanos de las décimas
del canto a lo divino y a lo poeta
nueve dedos que rigen la simpleza
que ha de tener mi próxima arpillera,
nueve dedos pintores, nueve yemas,
nueve soldados rasos en las cuerdas
de una guitarra bruja de anticuecas
o de un lienzo estirado en la madera
de una cosa que sale y que revienta
y que me pone el pecho como greda.
No me digas que no hay una escalera
para subir al borde te tu pena, *
no me digas tampoco que no hay leña
para abrigar el cuerpo de la enferma
que muy lejos de ti llora y se queja
porque no sabe qué hacer la tonta lesa.
Con tanto revoltijo en la cabeza,
con tanta pericona y tanta cueca,
no digas que te vienes si te quedas
más allá de la luz y de las piedras,
más allá de la augusta cordillera
que a nuestro amor le aplica las fronteras.
¿Te imaginas el día que te vea?
van a brillar mejor las ampolletas
y en la profundidad de los silencios
vamos a sepultar toda conversa.
Me duele el frío de la patria entera
y el solazo del norte me destiempla,
por eso quiero enredarme en la madeja,
con la esperanza de encontrar la hebra;
yo me inclino sumisa en tu tibieza
porque te he sumegido en una ausencia
más agria que la leche descompuesta,
más honda que una noche sin estrellas.
Isabel canta «para subir al fondo te tu pena».
Este texto, extraído de una carta de Violeta Parra a Gilbert Favre, fue musicalizado por Isabel Parra en 1984 y publicado como canción en su disco «Isabel canta a Violeta» (2010). Las estrofas no respetan el orden del poema original, que también ha sido recortado.
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