Décimas (38): Presencian mis dos pupilas
desfile muy singular
de cosas para entregar
cosidas por mi mamita:
camisas y camisitas,
un traje pa’ levantarse,
un biombo para ocultarse
de ojos impertinentes,
cotonas de dependientes
y sábanas pa’ acostarse.
Un día muy de mañana
se acerca con su marido
en busca de su vestido
una preciosa gitana.
Yo misma por la ventana
le paso aquel ancho traje,
variado como plumaje
de pavo chinesco real.
Más tarde la vi bailar
con este hermoso ropaje.
También un cabo primero
llegó a buscar su guerrera
para jurar la bandera
el día veinte de enero.
Despídese el caballero
correcto como soldado,
se cuadra, gira hacia un lado,
se aleja marchando erguido.
Retumban en mis oídos
sus pies en el empedrado.
De circo, un gran empresario
mandó coser unos cascos,
las fundas para unos frascos
y truzas para el «pasuario».
Mostrándole un calendario
le dice: «Todo pa’l viernes»;
en el umbral se detiene,
después saca una revista
que trata de sus artistas
y es cosa que le conviene.
Par’ abreviar este cuento,
yo vi coser tres cortinas,
calzones de popelinas
y paños para un convento,
una mortaja de muerto,
dos forros para colchón,
ajuares de comunión,
de raso, un bello estandarte,
y cuatro gorras de arte
pa’ no sé qué batallón.
Ya ven que la clientela
parece un carnaval;
cosió para el hospital
vendajes de fina tela,
fundillos para una escuela,
se gana unos cuantos cobres.
Las monjas del Cristo Pobre
le mandan a remendar
el paño de Sebastián
sacrificado en un roble.
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