Décimas (66): Se llevan a la Teresa (o También viene a mi cabeza)
como una vista brutal:
un martes al aclarar
se llevan a la Teresa.
Entre nueve y a la fuerza,
l’arrastran Mapocho abajo
sacándole los refajos,
mientras se hacen que no ven
unos que dicen amén
por no entregarse a los tajos.
Yo debo seguir cantando
pues paga la clientela;
mas la voz se me congela,
la Tere ya está gritando.
Se le oyen de cuando en cuando,
cada vez menos los gritos;
más tarde se oyen los pitos
del vigilante atrasa’o
corriendo desafora’o,
pero después del delito.
Al otro día los diarios
anuncian con letras gruesas
que hallaron una Teresa
muerta por unos barbarios.
¿Qué sacan del comentario
si no ha de poner remedio
al bar, qu’es un cementerio
legal, como bien se sabe,
el Código, enfermo grave,
sordo y mudo a estos misterios?
El Código es un desecho
de puntos muy singulares;
en contra del que no sabe
va la sentencia derecho.
El que lo aplica es un hecho
que tiene títulos varios:
conserva’or o vicario,
alcalde o taita de grupo,
terrateniente macuco,
industrial o comisario.
Cuestión de matar la perra
se acaba la levería:
que se abra una chichería
cuando abran miles d’escuelas.
Menos gente a la rayuela,
menos patentes de alco’les,
potreros con más frejoles
es lo que aquí se reclama;
pa’l pobre una buena cama
y un cielo con arreboles.
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