Nena
casi todo igual que ayer:
nuestra casa en su lugar,
los aleros del desdén
como graves mariposas
fuera de estación.
Así suceden las cosas,
las del corazón.
Al fin y al cabo está
casi todo igual que ayer:
los abrazos y el quizás,
los adioses y el después.
Con sus flores amarillas
en el comedor
y esta sensación mordiendo
en el corazón.
Nena, pero esa luz del mar,
Nena, eclipsa una verdad,
la de estar mirando todo
desde aquí sentado solo
como un celador,
como un celador
vigilando mi pasado,
lo vivido y lo gastado,
desde el prisma de una luna
sin tu sol.
Nena, pero esa luz del mar,
Nena, eclipsa una verdad,
Nena.
Al fin y al cabo está
casi todo igual que ayer:
las bombillas del zaguán
parpadeando su vejez,
mi tristeza haciendo un solo
gris de bandoneón.
La razón de estar con vida
no tiene razón.
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