Se juntan dos palomitas
en el más bello instrumento
que se abre en este momento
de dividir el encanto).
Se juntan dos palomitas
en el árbol del amor;
fin de la separación
que los tenía contritos.
Brillaba con sus rayitos
el sol en ese entretanto.
Los dos en un solo manto
se arrebozaron dichosos.
Dice un clarín misterioso:
«Palomito, yo te canto».
Como el clavel y la rosa
florecen en el jardín,
la dalia con el jazmín
y la azucena olorosa,
se encuentran las mariposas
de aquellos dos sentimientos
y anudan sus pensamientos
al son de una melodía.
Se dicen los buenos días
en el más bello instrumento.
Lo que en la ausencia fue pena
se convirtió en alegría;
así pasaron seguidas
horas de dicha serena.
Bendicen la luna llena,
señora del firmamento.
Dice una voz en el viento
en una lengua amorosa:
«¿Quién conservará la rosa
que se abre en este momento?»
Después de tanta dulzura
sonó la antigua campana
que anuncia alguna mañana
del adiós su cruel premura.
Como la fruta madura
al desprenderse del alto,
se desgarraron en llanto
los novios sin más demora,
porque ha llegado la hora
de dividir el encanto.
Despedida:
Condimento de la vida
que alimenta el corazón,
más que alegría, dolor,
que nunca cierra su herida;
tisana para bebida
que calma por un instante.
Es ley de cada habitante
desde que el mundo fue mundo:
solo de dicha un segundo
para los pobres amantes.
Versión de Violeta Parra.
En las versiones de Ángel Parra se canta «y anidan sus pensamientos», «que tú me diste al momento», «de vivir y del encanto» y «el rey de cada habitante».
(1965-1966)
Canto a lo humano, verso encuartetado con despedida. La cuarteta no aparece en la grabación. En referencias póstumas, a la canción se le llama a veces «Se juntan dos palomitos».
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