Un domingo en el cielo
hicieron unas fiestitas
pa’ celebrar el cumpleaños
de Santa Juana bendita.
Permiso les dio el Señor
por ser un día feria’o;
’taba cerrada la gloria,
también el limbo cerra’o.
Al medio de aquel festejo
como abejita en la rosa
San Lucas se hace turumba
bailando la refalosa.
En el jardín del Edén
suspira Santa Teresa
con una copa en la mano,
parece que de cerveza.
De lejos sentía el Amo
fragancia de chicha cru’a.
Pa’ sus adentros pensaba
«¡qué fiesta tan macanú’a!»
Una santa cuarentona
reparte los bizcochuelos.
Por uno que le reciben
cuatro le botan al suelo.
San Miguel y Santa Rosa
bailaban con dos pañuelos,
en cada paso que daban
pisaban los bizcochuelos.
Propone la Magdalena
jugar a los disfraza’o.
La idea jue recebí’a
con un aplauso cerra’o.
Llorando la borrachera
se presentó Jeremías
con la pistola en la mano,
vestido de policía.
El labrador San Isidro
que es el patrón de las aguas,
pa’ hacer reír a la gente
se disfrazó de paraguas.
La fiesta sube que sube,
con to’a tal chimuchina
igual que en el gallinero
cuando ponen las gallinas.
Aquí llegó el Padre Eterno
pa’ levantar el permiso.
Fue tanta su turbación
que clausuró el paraíso.
(1964-1966)
Sirilla transcrita de la versión de Isabel Parra.
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