Leningrado
en una sórdida pensión de Leningrado
sin pasaporte y fuera de la ley
pero borracho como un rey desheredado
Cincuenta rublos era un potosí
y tú desnuda un maniquí de grana y oro
nos dieron llaves de la suite nupcial
que era un cuartucho de hospital sin inodoro
Nos quedaba para un vodka con limón
cuando agonizó el palique, qué ansiedad,
te empecé a desabrochar la gabardina
No era fácil en la Unión Soviética
ir por condones a recepción
a años luz de la rutina
anidó una golondrina en mi balcón
No sé qué nos pasó ni cómo fue,
que nos cruzáramos aquella noche loca
balbuceamos cursiladas todo a cien
y rodamos descosiéndonos la boca
nos matábamos de ganas de vivir
No dormir era más dulce que soñar
y envejecer con dignidad
una blasfemia
Tú con boina, yo con barba, ¡viva el Che!,
recién conversos a la fe del hombre nuevo
No había caído el Muro de Berlín
ni reventado el polvorín de Sarajevo
porque la revolución tenía un talón de Aquiles al portador
Y flotando entre las ruinas
enviudó una golondrina en mi balcón
Ayer salías, morena, de un café
ya casi medio siglo que no te veía
eras rubia, si no recuerdo mal
Dije, y mintiendo, "estás más guapa todavía"
Me aceptaste una cerveza sin alcohol
Se nos había muerto el sol en los tejados
Funerales, y con nada que decir
Vi en tus pupilas un añil mal dibujado
No sé por qué sigo escribiendo esta canción
pero me sangra el corazón
cuando lo hurgo
Supe que te casaste con un juez
Y Leningrado es otra vez San Petesburgo
Ni siquiera comentamos si quedamos
pásame tu dirección
y de vuelta a la oficina
se estrelló una golondrina en mi balcón
Porque la revolución tenía un talón de Aquiles al portador
y flotando entre las ruinas
enviudó una golondrina en mi balcón
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
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