Fangal
se ladeaba, se ladeaba, por el borde del fangal!
¡Pobre mina que nació en un conventillo
con los pisos de ladrillo, el aljibe y el parral!
Alguien tiró la banana,
que ella pisó sin querer,
y justito cuando vi que se venía,
ya decúbito dorsal,
me la agarré.
Fui un gil,
porque creí que allí inventé el honor.
Un gil
que alzó un tomate y lo creyó una flor.
Y sigo gil
cuando presumo que salvé el amor,
ya que ella fue
quien a trompadas me rompió las penas.
Ya ven,
volví a la mugre de vivir tirao.
¡Caray!,
si al menos me engrupiera de que la he salvao.
Eso dijo el cusifai mientras la cosa
retozaba, retozaba ya perdida en el fangal,
y él chupaba una ginebra desastrosa
entre curdas y malandras en la mesa de aquel bar.
Si alguien tiró la banana,
él, que era un gil, la empujó,
y justito cuando vio que se venía,
ya decúbito dorsal,
se le prendió.
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