Crucé un océano
buscando una canción.
Una palabra que iluminara el hueco
que dejaste vos.
Último abrazo,
cuídate, pequeña.
Trepó el silencio por mis pies
como una enredadera.
Y borró tus pasos
una ráfaga de viento.
Quedó el aeropuerto
como árbol desnudo.
Dime que no es cierto,
que no desperté,
que aún tengo tu voz
y el susurro
de tu risa frágil
alumbrando el mundo.
Razones de vida
en este tiempo absurdo.
Brasas del pasado,
llamas del futuro.
Volví a tu lado
como prometí, ¿recuerdas?,
empujado por el viento
como una frágil pavesa
que baila en el aire
y prende el campo yermo.
Tiembla en tus ojos
la llama de este incendio.
Y ahora que esta espera
me recuerda que estoy vivo,
te pienso y sonrío,
¿quién lo iba a decir?
Y ahora que descifro
el enigma, el acertijo,
esto que es vivir,
arriesgarlo todo
y pensar en mí,
emprendo este viaje,
busco una canción.
Hoy busco un motivo.
Hoy te busco a vos.
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