Aguacate
ya no quiere ir a la escuela
pues se atora en el inglés,
y no le salen sus tareas.
Todo lo que había aprendido
no se aplica ni siquiera en el recreo,
cuando juega entre otros reos
sin que nadie lo prefiera.
No es que lo tengan por malo,
es que sólo no lo entienden,
ni les gusta ningún niño
que parezca diferente.
No lo dejan que se acerque
y lo empujan y lo alejan
y se juntan,
y se van para otro lado
donde no se hacen preguntas.
Su familia cree que es hora ya
de que aprenda karate.
Su abuelita le hace un suéter,
no le dicen, no lo sabe.
Su papá le compra un rifle
y un libro de chistes para platicar.
Lo contempla su hermanito.
Ése no ha aprendido a hablar.
Él conoce todo lo que hay que saber
sobre animales.
Hasta dice que quiere ser policía
cuando sea grande,
para cuidarlos a todos,
que no saben que es campeón
de natación.
Luego entrena adivinanzas
para hacer conversación.
Ayer me confió una de ellas:
"Cate de mi corazón".
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