Porque fuimos
la dulce manzana
que Eva mordió.
Fuimos el cuerpo desnudo,
insomne y perdido,
inmune al reloj.
Fuimos el breve relámpago,
la duda que ofende,
la sucia verdad.
Fuimos la llaga y el bálsamo,
la gran borrachera,
la risa inmortal.
Y ahora, ya ves,
buscando el camino
de vuelta hacia ti.
Y ahora a aprender
que el tiempo perdido
enseña a vivir.
Yo fui el eterno cliente
del bar sin ventanas
que el sol clausuró.
Yo fui el idiota que miente
cuando le preguntan
si ya te olvidó.
Fuimos memoria en la calle,
alzando la voz,
conteniendo el llanto.
Fuimos el grito y el hambre
del niño de barrio
con el puño en alto.
Y ahora, ya ves,
buscando el camino
de vuelta hacia ti.
Y ahora a aprender
que el tiempo perdido
enseña a vivir.
Porque fuimos, seremos.
A pesar del cansancio.
Gritaré
para que al fin me encuentres
en mitad del naufragio.
Porque fuimos, seremos.
A pesar de los años.
Buscaré en la noche la estela
que tu estrella ha dejado.
Yo fui el muchacho insolente
que escandalizaba
a tu rey desnudo.
Yo fui la herida de muerte
del fin de semana
en que ardió tu futuro.
Fuimos, los dos, astronautas
vagando en el éter
sin soltar sus manos.
Fuimos el ave en la jaula
que agita sus alas
y rompe el candado.
Y ahora, ya ves,
buscando la senda
que vuelve hacia ti.
Y ahora a aprender
que quedan mil puertas
aún por abrir.
Porque fuimos, seremos.
A pesar del cansancio.
Gritaré
para que al fin me encuentres
en mitad del naufragio
Porque fuimos, seremos.
A pesar de los años.
Buscaré
en la noche la estela
que tu estrella ha dejado.
Porque fuimos, seremos.
A pesar del cansancio.
Seguiré
alumbrando mis sueños
con la luz de tus labios.
Aunque caiga la nieve
y nos borre el camino,
llegaré a través de la noche
en la voz de tus hijos.
Fuimos los amos del mundo,
la dulce manzana
que Eva mordió.
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