Rosa y Manuel
que hay delante del portal
aún lo recuerdo
el nombre de la calle
se parece al del mantel
pero al revés
la playa que hay a un lado
debería contar algo
que hicimos de jóvenes
te veo tan bien
Supongo me miras extraño
por no hacer de rey de este palacio
no conocer el reino
pues ayer tuvieron que irme a recoger
a una casa arruinada
creo que vio nacer a alguien
y hoy te juro no sé quién es
A veces alguien llora mientras duermo
y Rosa aprieta el pecho contra el tallo
y Rosa se marchita en un papel
que se encontró limpiando
entre caricias y recuerdo
que firmaba Jo Manuel:
Recuerda tú que puedes
Recuerda tú que puedes
Y ella le enseña las fotografías
y él le pregunta ¿este niño quién es?
y si Manuel se nubla ella lo abriga
y hasta olvida que ayer le enseño a comer
y el niño de la foto ya ni asoma
cansado que vivir no es responder
y Rosa que aún se arregla cada tarde
le asegura mañana sabrás volver
al hogar que hicimos juntos media vida
Y en el sueño habla Manuel:
amor se te olvide la pena
cuando un día me duerma
y se acabe el dolor
y te hablaré de todo
no olvidare los pasos
bailando en el salón
te pediré perdón por olvidarme
de nuestra fecha amor
y me vestiré solo
y correré hasta el parque
donde un niño en la tarde
conmigo se enfadó
por no devolver el beso el abrazo
que llorando me dio
amor
y cuidarás los rosales
que planté antes del viaje
les cantaras por mi cualquier canción
Amor
y volveré cualquier tarde
para conmigo llevarte
y no recordarte tanto
corazón adiós
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
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