Andes lo que andes
vete, súbete a la loma,
la pena es un ave rara
que al ojo pobre se asoma.
La pena de veinte siglos
que allí enclavó su corona,
para poner velo oscuro
donde hace nido la aurora.
La pena que, más que pena,
es rabia cruda indigente;
la pena que, más que pena,
es viejo canto de muerte.
Andes lo que andes,
ándate por los Andes.
Andes lo que andes,
ándate por los Andes.
Si quieres sentir el odio
que alza dolido su cola,
súbete a los altos montes
donde el frío hace maromas.
Un odio de perro viejo
que no vence al fin el hueso.
El odio a la lluvia herida
que pudre un poncho en los cerros.
El odio que, más que odio,
es animal bien despierto;
el odio que, más que odio,
es inmenso desconsuelo.
Si quieres ver la miseria
de polvo sucio empapada,
miseria de sol y cielo,
miseria de todo y nada.
Recorre la cordillera,
ponle canción en las alas,
que el monte entero agoniza
pues sufre herida de lanza.
Miseria que no es miseria,
sino pasión enjaulada.
Miseria que no es miseria,
sino una pronta batalla.
¡Caminante!
(1973)
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