Balada del pas pel món
Cavall de tothora.
Sempre lluny, mai prop.
Mira que el Déu plora!
Defugint l'esguard,
l'horitzó se't menja,
seré, desvetllat,
on la mort es penja.
Vas passant.
Vas passant.
Vas passant.
Sense temps, ple d'hora!
Ulls entre buidor,
ignorem tempesta.
Estris de dolor
trenquen tota festa.
Albes trenquen trot.
L'horitzó el comanden
ungles de la mort.
Homes t'esgarrapen!
Manies són llunes.
Desitjos són sols.
Si et canten fortunes,
llunes i no sols.
Veus de cristalls fins.
Corbs cercant deixalles.
Et trauran fils prims
de cor i d'entranyes.
Déu crida el Dimoni,
i el Dimoni Déu.
Músiques de somni.
Joc de cara o creu.
Una cambra sola
fa el repartiment:
Tu tacó, jo sola.
Demà ja veurem!
El camí n'és breu.
El trot mai no para.
L'horitzó t'embeu.
Una mà et separa.
Et posen de dol
Morts de deu mil rostres,
i et manquen de sol
amb les seues crostes.
Ai de les garrigues!
Ai aquella mar!
Ai de les espigues!
Ai d'aquell cel clar!
ai de l'home o dona!
Ai l'amor com passa!
Ai la brisa bona!
Ai la nit com traça!
Al pas deixaré
tota la sang meua.
Al pas vull deixar
amor i cap pena.
Pensant de tornar
i trobar tothora
que m'he de quedar
ple de temps, sense hora.
De quedar.
De quedar.
De quedar.
Ple de temps, sense hora!
A la meva mort
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.