Sonata de la luna en Marrakesh
en la ciudad de la adelfa blanca,
por la calle dormida
donde los hombres muerden las flores.
Yo cantaba al diablo
con la darbuka por la muralla
y andaba como un gato
por la medina de Marrakesh.
Estabas tan vistosa
y yo tan loco de madrugada
buscando entre las sombras
la melodía de los recuerdos,
en aquella taberna
donde la luna sólo era un sueño,
el sueño que tu boca
contra mi boca puso de pie.
¡Ay! como una estrella,
¡ay! cayó del cielo,
¡ay! con dos palabras:
Habibi. Te quiero.
Y todo el mar dentro de ti.
Y todo el mar fuera de mí.
Quien tiene prisa muere,
canta la luna por el desierto.
Yo lo aprendí en tu boca
en una noche turbia de besos
buscando en la Medina
el corazón de la adelfa blanca
por la calle dormida
donde tus ojos yo me encontré.
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