No te conocí
o me sobró entusiasmo;
se murieron los deseos
cuando fueron necesarios,
o los hechos no estuvieron
a la altura del concierto.
No te conocí, tan sólo de perfil
y en la penumbra;
tal vez la luz jugó mala pasada,
quizás amanecía muy temprano,
tal vez el frío, quizás la trasnochada,
tal vez por la llovizna,
quizás por la alborada.
No te conocí, como Dios manda,
el demonio anudó su desatino
o el tridente no surtió el encantamiento.
Y a pesar del corto tramo
al alcance de mi mano,
yo no quise hacer el viaje
hasta tu cuerpo.
No te conocí como en novelas
el paisaje no cuajó con tu figura
o las sábanas se hicieron enemigas,
y no supe entablar esta batalla
sin fronteras, sin escala, sin respiro.
No te conocí,
no te conocí,
no te conocí.
No te conocí, terriblemente,
y no volverán a coincidir Venus y Marte,
ni las tandas de cervezas,
ni el festín de chocolates,
ni los cerros trepitando
a las seis de la mañana.
No te conocí, definitivamente;
ya no dormiremos como gatos en acecho.
No habrá escarcha en las ventanas,
ni humedad en las almohadas,
ni canciones, ni manzanas,
ni locuras tan profanas.
No te conocí, como Dios manda,
me faltó la iniciativa en su momento
y no pude conquistar tu azul intenso,
ni tus vírgenes laderas, ni tu asombro,
ni tu antigua catedral policromada.
No te conocí, como en novelas,
me escaseó el valor de remontarte,
porque el tiempo se escapaba de mis manos,
o me anduve distraído por las ramas,
no acudí a tu cuerpo encabritado.
Y no te conocí, no te conocí,
no te conocí.
No te conocí, ni tú tampoco
conociste de mi andar vertiginoso,
de mi historia, de mi raza,
de mis montañas hermosas,
de mis días luminosos,
de mi sudor, de mi gozo.
No te conocí, como Dios manda,
no busqué tu ímpetu, tu fragua;
tu estatura milenaria me anulaba.
No logré llegar a ti como en novelas.
No logré llegar a ti como en novelas,
como en novelas,
majestuoso cerro de Las Casas,
majestuoso cerro en San Cristobal.
La canción habla del cerro en la ciudad San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
La cantautora de Tortosa repasa el significado de su nuevo triple álbum, explica el simbolismo de Groenlàndia, reivindica el papel del BarnaSants en su trayectoria y recuerda el concierto con el que clausuró la 31ª edición del festival junto a la Banda de Música de La Sénia.
El nuevo libro Mig segle vora el drac. Una història del grup Falsterbo de Miquel-Lluís Muntané reconstruye más de medio siglo de trayectoria de Falsterbo, uno de los grupos fundamentales —y el más longevo— de la Nova Cançó, y, a través de su historia, recupera una parte esencial de la memoria musical y social de Cataluña.