No te conocí
o me sobró entusiasmo;
se murieron los deseos
cuando fueron necesarios,
o los hechos no estuvieron
a la altura del concierto.
No te conocí, tan sólo de perfil
y en la penumbra;
tal vez la luz jugó mala pasada,
quizás amanecía muy temprano,
tal vez el frío, quizás la trasnochada,
tal vez por la llovizna,
quizás por la alborada.
No te conocí, como Dios manda,
el demonio anudó su desatino
o el tridente no surtió el encantamiento.
Y a pesar del corto tramo
al alcance de mi mano,
yo no quise hacer el viaje
hasta tu cuerpo.
No te conocí como en novelas
el paisaje no cuajó con tu figura
o las sábanas se hicieron enemigas,
y no supe entablar esta batalla
sin fronteras, sin escala, sin respiro.
No te conocí,
no te conocí,
no te conocí.
No te conocí, terriblemente,
y no volverán a coincidir Venus y Marte,
ni las tandas de cervezas,
ni el festín de chocolates,
ni los cerros trepitando
a las seis de la mañana.
No te conocí, definitivamente;
ya no dormiremos como gatos en acecho.
No habrá escarcha en las ventanas,
ni humedad en las almohadas,
ni canciones, ni manzanas,
ni locuras tan profanas.
No te conocí, como Dios manda,
me faltó la iniciativa en su momento
y no pude conquistar tu azul intenso,
ni tus vírgenes laderas, ni tu asombro,
ni tu antigua catedral policromada.
No te conocí, como en novelas,
me escaseó el valor de remontarte,
porque el tiempo se escapaba de mis manos,
o me anduve distraído por las ramas,
no acudí a tu cuerpo encabritado.
Y no te conocí, no te conocí,
no te conocí.
No te conocí, ni tú tampoco
conociste de mi andar vertiginoso,
de mi historia, de mi raza,
de mis montañas hermosas,
de mis días luminosos,
de mi sudor, de mi gozo.
No te conocí, como Dios manda,
no busqué tu ímpetu, tu fragua;
tu estatura milenaria me anulaba.
No logré llegar a ti como en novelas.
No logré llegar a ti como en novelas,
como en novelas,
majestuoso cerro de Las Casas,
majestuoso cerro en San Cristobal.
La canción habla del cerro en la ciudad San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
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