Poblina de los ires y venires
la importancia de un hecho
no se mide por el ruido que haga,
no renuncies, no le temas al riesgo,
solo así podrás llegar más allá de ti…"
Leyda Blanca
Aunque parezca mentira, mi abuelo vino de España
llegó buscando al hermano de Cantabria a la montaña,
el hermano volvió a casa pero abuelo se quedó,
se enamoró de María y nunca más regresó.
Mi abuela, la patatica (que este tamaño me dio)
trajo al mundo ocho retoños y la raza se mezcló
se asentaron en Santiago cuando terminó la guerra
y se hicieron propietarios de un buen pedazo de tierra
Tíos y tías crecieron, cada cual hizo un panal
mi madre montó al caballo y hasta Banes se fue a dar...
Ay, estos ires y venires,
ay, esta manía incurable
de volar, volar, volar
de volar, llegar, sembrar…
Allí conoció a mi padre en un baile de disfraz
él, vestido de abogado pero ella, sin antifaz,
bailaron toda la noche se decidieron casar
sólo diez años más tarde juraron ante el altar.
Bajo una mata de cedro mi casa empezó a crecer
blanca y bonita la casa, casa que me vio nacer.
mis dos hermanos y yo príncipes de ese lugar
inventamos aquel patio donde comencé a soñar
El pueblito se hizo chico, tenía prisa por correr
y el trencito ya partía conmigo al amanecer
Como mi abuelo, el de España, a Santiago me fui yo,
aunque con la diferencia que mi amor me acompañó,
allí muy cerca, cerquita de donde nació mi madre
hice el nido y dos varones me convirtieron en padre.
Conocí a Sindo y a Gútkin, a Waldo y a Matamoros
trova, teatro y poesía pintura y demás tesoros,
allí regalé mi canto a ese viento enamorado
que me arrastró con el nido hasta el centro del Vedado.
El mayor de mis varones al techo del mundo fue
y regresó a su asteroide mi pequeño, ya lo sé.
Las nuevas aves se estrenan, las veo por mi ventana
no temen, se arriesgan, parten en busca de la mañana,
no sé si aquí se detienen estos ires y venires
mis alas no están cansadas es el tiempo quien decide.
(2005)
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