Balada del desertor
y tomó la decisión
de no hacer la conscripción.
Es un caso singular,
ni cobarde ni matón:
un pacifico varón.
Mira que han de condenarte
por traidor y desertor.
–Más traicionan los que mandan
a la gente al paredón,
dice Óscar, que no olvidó.
Nadie piensa de ese modo,
has perdido la razón.
–Basta que la pierda otro
y por fin seremos dos,
dice Óscar. Cuánta ilusión.
¿Y dos solos qué consiguen
con tamaña insensatez?
–Que la industria de la muerte
se termine de una vez,
dice Óscar, qué iluso es.
¿Porque dos desobedezcan
crees que terminará?
–No terminará del todo,
va a empezar a terminar.
Está loco, pobre Óscar.
En vez de perder un año
la existencia perderás.
–Preso o muerto habré sembrado
la semilla de la paz.
Pobre Óscar, qué loco está.
Veinte años ya cumplió
y lo vienen a buscar
del servicio militar.
Pero Óscar les dice no,
a matar no aprendo yo.
Pobre Óscar, nunca volvió.
Canción del “Cancionero para el mal de ojo”
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
La película documental dedicada a Fito Páez propone un recorrido íntimo y en primera persona por más de cuatro décadas de vida y trayectoria artística del músico argentino. Dirigida por Matías Gueilburt y construida a partir de más de un año de seguimiento, material de archivo inédito, actuaciones y conversaciones personales, la producción se estrenará mundialmente el 3 de septiembre en Netflix.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El cantautor, escritor e intelectual italiano Francesco Guccini, autor de canciones fundamentales como Auschwitz, La locomotiva (La locomotora) o L’avvelenata (La envenenada), ha fallecido a los 86 años. Durante cerca de medio siglo, Guccini construyó una obra estrechamente vinculada a la memoria, la historia, el compromiso social, la literatura y una particular manera de observar las relaciones humanas y el paso del tiempo.