Sueños de la Plaza Rovira
viven la realidad
y a la inversa, hay vida
que hace real lo soñado
como en esta noche dulce
de un agosto de entoldados
por las calles en una fiesta
que me transporta al pasado.
Un pasado como un barrio
de futuros sin espejos
donde vivieron mis abuelos,
donde nacieron sus hijos.
Tengo recuerdos de mi padre
cuando, después del trabajo
bajábamos a beber
las horchatas de Vall.
Plaça Rovira,
vieja Plaça Rovira
de mi barrio de Gràcia
y mi corazón adormecido...
Plaça Rovira,
me lates chispazos
de un fuego que ya era ceniza
y está lejos esta noche...
y más que humo,
eres toda luz
esta noche.
Y por la noche nos íbamos
para cambiar un poco de ambiente
hasta el bar Comulada,
el palacio de Climent
donde las ensaladillas
que eran de su patente
hacían que el sabor de los sueños
fuera un gusto para el cliente.
La farmacia de Pere
y el quiosco decían "basta:
a cerrar que ya llega
el último 39".
Y el cine Rovira
era un sueño adornado
con Charlot haciendo reír
para los grandes y los más pequeños.
Y al primer sueño de los sueños,
cuando el tiempo partió,
mi padre me decía:
vamos a casa a dormir
y en silencio volvíamos
lentamente hacia arriba,
a la torre de los abuelos
y todos sus difuntos.
Y entre el pozo y las piedras
del jardín de Massens,
la galaxia nos lloraba
lluvias de San Lorenzo
y mi padre me hablaba
señalándome el cielo:
dale antes de tus sueños
un beso a tu estrella.
(2010)
A mi padre y a Climent Comulada in memoriam.
A todos los vecinos de la Plaça Rovira, a mi prima Lluïsa Gozalvo y a mi familia catalana con profundo amor.
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