Festival Barnasants 2010
Anna Roig i L´ombre de ton chien, en la línea de salida
La unión de la cantautora Anna Roig con el grupo L’ombre de ton chien, ha terminado en un proyecto que ha recibido muchos elogios y felicitaciones en muy poco tiempo. El viernes se presentaron en el BarnaSants.
La unión de la cantautora Anna Roig con el grupo L’ombre de ton chien, ha terminado en un proyecto que ha recibido muchos elogios y felicitaciones en muy poco tiempo. El viernes se presentaron en el BarnaSants.
La propuesta de Anna Roig i L’ombre de ton chien combina canciones en francés y en catalán, son nuevos, jóvenes, innovadores y por lo tanto aportan algo diferente, y eso, es de por sí, algo que merece una buena valoración.
Hoy en día en que parece estar todo inventado y donde todos parecen hacer algo que ya se ha hecho antes, es bueno que se nos muestre algo novedoso. Pero la propuesta merece comentarios, porque a pesar de que tienen buena acogida de crítica y público, quisiera hacer algunas consideraciones.
El grupo lo capitanea Anna Roig, una joven catalana de ascendencia francesa por parte de madre y que ha cursado estudios en el país vecino. Así pues, se expresa en francés con comodidad y solvencia y musicalmente se ha mostrado desde siempre muy interesada en los clásicos del país vecino: Brel, Brassens, Gainsbourg... a quienes interpreta en sus conciertos.
No tengo nada en contra pero me pregunto ¿por qué en francés? Si el grupo es novedoso no lo es por sus canciones en francés sino por ese efecto imán absoluto que ejerce Anna encima de un escenario. Ella podría permitirse el lujo de cantar en turco si quisiera y seguiría siendo igual de novedosa e igualmente innovadora, puesto que es su puesta en escena, la teatralidad en su interpretación, su mirada, su forma de desenvolverse la gran culpable de todo eso. Llegados a este punto yo diría que cantar tantas y tantas canciones en el idioma de Voltaire en lugar de hacerlo en catalán, castellano, o en ambas, les cierra más puertas de las que les abre, a menos que quieran extender sus tentáculos al país vecino, cosa que me consta que no está en su cabeza de momento.
El grupo L’ombre de ton chien ha pasado de versionar canciones en francés a incorporar las de la propia Anna, que dicho sea de paso, son las que tengo claro que más atraen al público catalán, como Corro sota la pluja o la celebrada Trini la que mata.
No seré yo quien diga hacia donde deben dirigir sus pasos, lo único que creo es que Anna con su grupo están en la línea de salida de una carrera en la que muy bien podrían invadir la calle ajena. Yo creo en el grupo, pero me parece que el camino correcto no es el elegido hasta ahora. La bisoñez no fue nunca pecado sino el inicio de alguien inexperto que empieza en algo. La experiencia, los conciertos, el contacto con la gente, su público y el peregrinar, les dará la luz que necesitan para no equivocar el camino.
Podría citar cosas que no estuvieron a la altura en su concierto, pero no voy a hacerlo, puesto que merecen que se les anime y desde aquí aplaudo muchas de las cosas que funcionan bien. Pero lo que sí quiero indicarles es que el grupo es quien lleva el proyecto y que se supone que ese proyecto es de todos. Digo esto porque en todo el concierto me dio la sensación de que ella era una cosa y ellos otra. Ella es la que de una forma maravillosamente insultante mira al público, uno por uno, con su mirada penetrante, hermosa e inquietante mientras ellos no levantan los ojos ni para respirar. Entiendo que ellos deberían participar más en la interpretación de Anna o bien ella debería de algún modo involucrarles en algún momento, aunque solo fuera en pequeñas pinceladas. En fin, permítaseme resumir que ella se me antoja una artista genial y ellos unos excelentes y sosos músicos.
El caso es que musicalmente quien lleva la batuta es su guitarrista Magí Batalla, productor también de Cesk Freixas que ha hecho posible la grabación del primer trabajo del grupo. Ricard Parera en la batería, Carles Sanz en los teclados y Carles Munts en el contrabajo, completan la formación.
A pesar de la crítica medio fea que he hecho de la formación musical, mas por la actitud que por la aptitud, debo reconocer que a mí lo que más me agradó de todo el concierto en ese Luz de Gas generosamente lleno de gente, fue el final.
Cuando ya se iban a encender las luces, en su último “bis”, Anna propuso desenchufarlo todo, y sin micrófonos ni aparato eléctrico se acercaron al borde del escenario para cantar desde allí la última de las canciones ante un silencio sepulcral obligado para que pudiera escucharse. Magí Batalla y ella misma nos dieron, en el último suspiro del concierto la imagen de unidad que tanto y tanto había extrañado antes.
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