El edificio de la antigua aduana atestiguó el que quizás es el concierto del año para el grupo de Costa Rica

Malpaís tocó más de 3.000 corazones

MEDIOS el 04/12/2010 

Emotivo, intenso y extenso. Así fue el concierto de presentación, a lleno total, del disco Hay niños aquí.

Por Ana María Parra para La Nación

Si los ladrillos tuvieran memoria, entonces jamás olvidarían el jueves 2 de diciembre del año 2010. En esa fecha, la nave del antiguo edificio de La Aduana, todita levantada en ladrillos, vivió quizás, su más intensa noche de afecto.

Fue la noche en que Malpaís presentó, en concierto, su cuarto disco de estudio: Hay niños aquí.

No se trataba de un álbum cualquiera. Hay niños aquí es el disco que el grupo ha parido con mayor rapidez –entre junio y mayo–. Primero, iban a ser solo cinco canciones por encargo de la organización de ayuda social Visión Mundial Costa Rica.

Sin embargo, las historias humanas con las que se fueron documentado los hermanos Fidel y Jaime Gamboa, los enfiebró al punto de una ebullición de 12 canciones.

Primero, los niños. La cita estaba dada para las 8 p. m. Casi una hora antes, la antigua Aduana ya estaba a más de su capacidad. A niños, adultos y jóvenes no les quedó otra que estar hombro a hombro, porque el espacio a cada paso del reloj se achicaba más y más. En un corte aún preliminar, había alrededor de 3.000, pero es posible que la cifra aumente cuando sean verificados todos los boletos.

Malpaís le regaló tres minutos al público. Tomó el escenario a todo lo ancho de la nave de ladrillos, a las 7:57 p. m. Fue recibido con una ovación aún viva hasta el primer tema, El barrio de Los Jazmines.

A pesar de ser un disco recién salido del horno –entró a tiendas el 25 de noviembre– el gentío reconocía varias de las canciones, y hubo más de alguien que pudo seguir una que otra estrofa.

Tanto así que, cuando llegó la segunda canción, Los cuentos de María Rosa, el público la recibió con una marea de aplausos desde que sonaron los primeros acordes.

La niña que vino del futuro permitió ver creaciones en video de Ojalá Comunicación (trabajo de Luciano Capelli, Marvin Murillo y otros colaboradores). Así, en la pantalla gigante, detrás del grupo, se podía ver a la mujer cuya historia de vida inspiró aquella canción: Mayerlyn Barrantes.

Fidel y Jaime Gamboa; Iván y Daniela Rodríguez (que son padre e hija), Manuel Obregón (un ministro de Cultura sentado al piano), Gilberto Jarquín y Tapado Vargas empezaban con el pie derecho el que, quizás, es el concierto más importante del año para Malpaís.

Ante un público atento a cada letra, Malpaís tocó en orden: Soy lo que soy (primero la intro y cuatro temas después la segunda parte de este tema), El Maravilloso, la instrumental Río Grande, Canción del Capitán, Barrilete, La calle de la lluvia, la canción de cuna Despertate guila y Hay niños aquí.

Se iban sumando las proyecciones y juegos de luces, a cargo de Francis Villalobos y Luzart. Había un matiz lúdico; a veces un firmamento con las mismas estrellas que están en el arte del disco; a veces un muy rojo corazón.

Las más queridas. Cuando acabó Hay niños aquí, Malpaís no se tomó tiempo ni para respirar. Aprovechando el calor de aquel gentío, que para entonces había crecido tanto que llenó al máximo el lugar, desató diez temas más. Eran los favoritos del público.

Rosa de un día y Abril hicieron que el público fuera generoso con su voz, porque no paró de cantar ni en esos temas, ni en Canela y miel, El marino y la mulata, Como un pájaro o en Más al norte del recuerdo.

En temas que son un tributo total al “guanacasteco que llevamos dentro”, como dijo Jaime Gamboa, el público hasta bailó. Eso pasó en El portoncito, un tema del tío de los Gamboa, Max Goldemberg.

Emotivo fue lo que dijo Jaime Gamboa cuando llegó Contramarea: “Si en vez de violencia y botas militares hubiera amor entre los pueblos, todo sería diferente”.

Y sonó esa canción que es una historia de amor entre alguien de Nicaragua y alguien de Costa Rica. En pleno conflicto por la invasión a la isla Calero y al territorio costarricense, canción y dedicatoria quedaron como anillo al dedo.

Con la salsa fusión que es Malpaís, el concierto acababa a las 9:37 p. m. Pero el público quería más y lo gritó a todo pulmón: “¡otra, otra!”

Malpaís regresó con Es tan tarde ya y ese juego de palabras cortadas en sus sílabas que es Son inú.

Se fue el grupo. El público los hizo regresar por segunda vez y con La coyolera. En ese tema del disco Tierra Seca, que hiciera Malpaís, Max Goldemberg y Odilón Juárez, la gente usó hasta sus abrigos para simular los pañuelos que se agitan cuando se baila un Punto guanacasteco o algo del folclor tico.

Con público ya saliendo del lugar, los que quedaban gritaron “Malpaís, Malpaís”, y sorpresivamente el grupo regresó, y como cierre de su fuera de programa regaló Hila y reta. Así, a las 10:10 p. m. acabó una jornada que dejó a los que iban saliendo tarareando híla híla, retahíla, híla y reta, retahíla'.

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