De Violeta a Mercedes
Por Jorge Dávila Vázquez para el Diario Hoy de Ecuador
Leer, en frío, los poemas de Violeta Parra, deja la sensación de que les falta algo o de que ciertos vocablos, sobran.
Ella era una poeta del canto popular, y aunque algunas de sus composiciones, como Volver a los 17, Rin del angelito o la archiconocida Gracias a la vida, tienen una sólida estructura clásica, sin embargo, todas sus palabras vibran en su propia voz y en la de otros, al son de la música que ella misma les dio.
Violeta era, como dijo su hermano Nicanor, un "árbol lleno de pájaros cantores". 42 años después de su muerte, sigue tan viva, tan fresca, tan próxima, con su pequeña voz y su charango, su desenfado y su milagroso poder de "volver a ser de repente tan frágil como un segundo/ volver a sentir profundo como un niño frente a Dios."
Violeta nutrió de modo entrañable, maravilloso, el repertorio de Mercedes Sosa, que acaba de marcharse "derechito, a saludar a la luna y de paso al lucerito"; si no se ha quedado, por ahí, enorme y magnífica, "en el brillo de una rosa o de un pececito nuevo".
Esas dos mujeres forman una sólida unidad de poesía y canto, de latido vital que se da a los demás, que nos habla de pequeños dramas, de la existencia común de la gente, que no es ni heroica, ni revolucionaria, pero que cuando se calla, "calla la vida".
Por eso, un pedido apropiado para ambas sería el de Nicanor, una vez más: "Cántame una canción inolvidable, una canción que no termine nunca."
Por supuesto, la imponente Negra Sosa, que contrastaba con Violeta como un girasol con la aterciopelada flor del pensamiento, cantó las obras de muchos otros creadores, como la inolvidable Alfonsina y el mar, conocida como de Ariel Ramírez, que compuso la música, por supuesto, pero sobre un poema de "Falucho", Félix Luna, cuyo nombre casi nunca asoma junto a sus bellos versos; o la Canción de las simples cosas, de Tejada Gómez e Isella, que es como una profecía de su partida: "Uno se despide/ insensiblemente/ de pequeñas cosas"
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Grabado en París en dos etapas, en 1979 y 1983, Altea recupera el encuentro creativo en el exilio de Patricio Castillo y Osvaldo "Gitano" Rodríguez, dos nombres vinculados a la Nueva Canción Chilena. El álbum permaneció inédito durante décadas hasta que un proceso de restauración, remezcla y remasterización realizado por el sello y estudio Árbol de Sonidos permitió recuperar unas grabaciones marcadas por una mirada más íntima sobre el exilio.