Novedad discográfica
Frans Cuspinera lanza «Garoina», su primer trabajo
El cantautor catalán Frans Cuspinera acaba de lanzar Garoina, su primer álbum, un trabajo donde el autor se pasea por zonas cercanas al fado y la música árabe, el pop, el jazz y la música de autor; de la mano de una potente y bien trabajada voz.
El cantautor catalán Frans Cuspinera acaba de lanzar Garoina, su primer álbum, un trabajo donde el autor se pasea por zonas cercanas al fado y la música árabe, el pop, el jazz y la música de autor; de la mano de una potente y bien trabajada voz.
Portada del disco «Garoina» de Frans Cuspinera.
Frans Cuspinera (La Garriga, 1984) es un cantante y compositor autodidacta que, tras una larga trayectoria de investigación y experimentación (en solitario y con varias bandas locales), ha consolidado su estilo y su técnica en el Taller de Músics de Barcelona.
Su música se podría definir como folk, aunque el uso de su voz a menudo dibuja floridas influencias del flamenco y juega con las definiciones, acercándose a una amalgama habitual entre las cantantes femeninas —Sílvia Pérez Cruz, Gemma Humet o Rusó Sala, por ejemplo— pero poco frecuente entre los cantantes masculinos catalanes.
Esta fusión nace prácticamente la cuna: hijo de padre catalán y madre andaluza (nacida en la playa del Rinconcillo de Algeciras, cerca del extremo más meridional de la Península), ha recibido continuamente influencias de estas dos culturas tan alejadas y a la vez tan conectadas.
Garoina, su primer trabajo, está formado por doce canciones. Once propias más su particular homenaje a Ovidi Montllor en Va com va. Las canciones de Frans Cuspinera son cercanas y sencillas. Se podría decir que todos los temas musicales que presenta son viajados y vividos.
Una mirada retrospectiva sobre nosotros mismos y sobre nuestras vidas; el dolor y la alegría de las relaciones personales; la celebración del amor; el paso del tiempo que nunca se detiene y que nos enfrenta, una vez y otra, a nuestras contradicciones; y, muy especialmente, el emotivo y mágico reencuentro con una naturaleza mediterránea, exuberante y vivísima, ilustran y dan vida a las letras de sus canciones.
Las interpretaciones de varios músicos, amigos, conocidos, o desconocidos que se han dejado embarcar en esta pequeña travesía, han aportado las texturas de madera y cuerda, el latido sonoro y la respiración que todas estas canciones necesitaban.
La voz de Frans Cuspinera, frágil y etérea en algunos compases, dura y terrenal en otros, pasea también por zonas cercanas al fado y la música árabe, el pop, el jazz y la música de autor; esencia del Mediterráneo de alguien que "bajo la piel tiene las venas saladas".
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.