Qué queda de ti, qué queda de mí
compañero alegre
de cigarros negros
en tardo de abril
los de las aulas
donde nos metían
como en un redil.
Qué queda de ti
amor imposible
que en tardes de mayo
te quise decir
que sobre tus labios
veía la vida
creciendo hacia mí.
Qué queda de mí
de aquel crío gris
que con ojos suaves
miraba vivir
a los que con él
andaban camino
desde turbios días
de guerra civil,
¿Qué queda de mí?
¿Qué queda de ti?
Qué queda de ti
padre, de tu ausencia
con tus viejos textos
tan lejos de aquí,
tus poetas griegos,
tu asombro a la vida,
tu amor al latín.
Qué queda de ti
madre campesina,
de mitos agrarios
y fe por vivir
sabiendo la lucha
que la vida lleva
por llegar al fin.
Qué queda de mí
perdido, sin fin
bruscamente puesto
a sobrevivir
entre largas filas
de gentes que vi
codo contra codo
queriendo seguir,
¿qué queda de mí?
¿qué queda de ti?
Qué queda de ti
viejo compañero
del primer impulso
contra tanto miedo
que hubo que empujar
para devolvernos
nuestra dignidad.
Qué queda de ti
dulce compañera
de manos unidas
en la soledad
de cines baratos,
paseos vacíos
labios por besar.
Qué queda de mí
de mi rostro vivo
roto en los espejos
que yo no rompí
y que el tiempo agreste
trituró salvaje
dejando en mis ojos
huellas de vivir,
¿qué queda de ti?
¿qué queda de mí?
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