Atención, mozos solteros
lo que les voy a explicar:
no porque tengan dinero
digan «Me quiero casar».
No digan «Voy a gozar
con mi esposa verda’era»,
¡son muy duras las ca’enas,
las que se van a amarrar!
Muy cierto ’s que han de gozar
en los tres meses primeros,
pero, después de su anhelo,
hasta el nombre han de cambiar.
Tendrá que llamarse pan,
se llamará cebollita;
tam’ién se llamará ollita
y habrá de llamarse sal:
¡en to’o esto ha de pensar
el que busca costillita!
Al hombre lo llaman papa,
lo llaman leña y carbón,
lo llaman caja de polvo
y tam’ién pan de jabón.
Lo habrán de llamar cuchara,
cuchilla y tene’or;
lo llaman platos y tazas
y lo llaman cucharón.
Dirán, cuando esto les pase:
«¡Qué caro cuesta el amor!»
Y eso que falta una cosa
que muy pronto l’han de ver,
y es llegar a conocer
el provenir de su esposa, *
que si les sale celosa
por si tiene otra mujer,
no habrá gusto ni placer:
de na’a sirve el dinero.
Por eso, joven soltero,
hay que fijarse muy bien.
* Probablemente quiere decir «porvenir», lo que tendría más sentido, y así lo canta el Conjunto Quelentaro en su versión del disco Carpa de La Reina, EMI-Odeón LDC-36581 (1966).
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