Mariana
de la misma guerra que ganó mi dios,
olvidada herencia, vil imposición,
genuina creencia de liberación.
Hija de la duda, más allá del tiempo,
viaja la cultura en forma de cuento,
a decir verdad se escuchó el silencio
de la injusta impunidad de nuestro pueblo.
Ancestral unión, paz y resistencia,
es su religión la de las estrellas,
dialogan con ellas, tienen que decir,
asegura que la tierra no está en venta.
Mariana cuenta, sólo con mirarte,
que la ciencia calla si la luna arde,
te hace darle cuerda al reloj humano,
el que tantos siglos lleva retrasados.
Somos uno, somos pueblo blanco y negro,
nativos, mestizos ardiendo en el fuego.
Y la historia miente y es imprescindible aupar la verdad:
que la tierra late mucho antes de existir la edad;
ahora llora la desgracia de la humanidad.
Civilización y tecnología
y la obligación de cambiar de guía,
de dorarse al sol a adorar a Dios
tuvo que elegir la Biblia o la vida.
Ser esclava de o morirse por
y llora en el valle de la desolación,
aun así se escucha desde la montaña
el feroz rugido de la Pachamama.
Mariana tiene el poder de ser
ser consciente y tiene el poder de hacer ver,
ver la realidad, verse reflejada
en el verde fondo de sus ojos claros,
mirada diaguita invisibilizada.
Somos uno, somos pueblo blanco y negro,
nativos, mestizos ardiendo en el fuego.
Y la historia miente y es imprescindible aupar la verdad:
que la tierra late mucho antes de existir la edad;
que la tierra llora ahora, que la tierra llora ahora,
que la tierra llora.
Somos uno, somos pueblo blanco y negro,
nativos, mestizos en el mismo fuego.
Y la historia oculta y es imprescindible alumbrar la memoria;
los cielos originarios auparán la historia,
necesaria memoria,
verdadera historia.
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