El surco
un lucero de infinita soledad,
y con una canasta le vi regar
con agua de un arroyo de oscuridad.
¡Ah, malhaya la siembra se echó a perder
y el agua del arroyo se echó a correr!
Al lucero le gusta la libertad
y al agua del arroyo la claridad.
No dio fruto el lucero, se fue a alumbrar,
y el agua del arroyo le fue a cuidar.
En una hora triste quise cantar
y dentro de mi canto quise gritar
y dentro de mi grito quise llorar,
pero tan solo canto para callar.
¡Ah, malhaya la hora en que fui a cantar!
¡Ah, malhaya la hora en que fui a gritar!
Si gritando se llora para callar
y mi vaso sediento no llega al mar.
¡Ah, malhaya la hora en que fui a cantar!
¡Ah, malhaya la hora en que fui a gritar!
Y así se fue el lucero a su libertad,
y así se fue el arroyo a su claridad,
no me llegó la hora de clarinar.
Zapateado dedicado a Javier Heraud.
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